Mucho se ha hablado -tanto en blogs como en medios de comunicación- de la presunta venta de Ronaldinho en este mercado invernal. Mientras Mundo Deportivo se empeña en abogar por la paciencia y muchos de sus columnistas defienden a capa y espada a Ronaldinho, Sport muestra tantas ganas de venderlo que -si no se conocieran los motivos de esa línea editorial- uno podría pensar que tiene intereses bastardos en ese traspaso.

La tendencia de los blogueros culés, divididos al 50% hasta hace bien poco, se inclina hacia la demonización del 10 del Barça. Una línea de pensamiento reduccionista y que echa mano del dicho de la “manzana podrida…” para poner de patitas en la calle a Ronaldinho. El brasileño ha sido acusado de gandul, de fiestero, de convertir al club en un lupanar (!), de pervertir a otros jugadores y, en poco tiempo, se le acusará hasta de matar a Manolete. La conclusión que se desprende de sus argumentos es que Ronaldinho es el causante de todos los males del equipo y del club. ¡Eureka, por fin hallamos la solución! ¿A qué esperamos? ¡A la calle con él y a otra cosa, mariposa!

Un momento. Ahora que recuerdo, ¿la culpa no era hace sólo unas semanas de Rijkaard? ¿No era responsabilidad del holandés no atajar el mal juego del equipo? ¿No debía ser él quien cohesionara el grupo e impusiera disciplina? ¿No era su labor acabar con esa autogestión del vestuario que tan pocos y malos resultados nos dió hace sólo un año y medio? ¿No eran esos mismos analistas quienes querían que Mourinho ocupara el banquillo blaugrana el mes pasado? ¿Por qué nadie habla ya del portugués?

Creo que desprenderse del brasileño a mitad de competición sería un error tan grave sólo superado por el relevo del entrenador, pero claro, esa es una visión ingenua que sólo pueden tener los niños de teta sin criterio. Puedo coincidir con los más críticos en que la etapa de Ronaldinho, la de Rijkaard o la de ambos toca a su fin. Tal vez sea así, pero las cosas hay que hacerlas a final de temporada. Destituir al entrenador me parece un recurso de equipo pequeño y sólo justificable ante situaciones verdaderamente graves -y la de hoy no lo es- pero querer vender (malvender, diría yo) al crack que despertó al club tras cinco años de letargo es una acción todavía más barriobajera.

Yo soy de los ilusos-ingenuos-tontol’habas que confía en la recuperación de Ronaldinho y en su capacidad para aportar cosas al equipo. Tal vez me equivoque o a lo mejor, leyendo según qué blogs, aprenda a seguir su línea y a adoptar esos cambios de estilo y de pensamiento tan propios del insigne José Luis Carazo. ¡Quién sabe!