He dudado mucho a la hora de escoger el tema de mi primer post tras la reapertura del blog. El fin de semana dejó varios asuntos interesantes: la jornada de Liga, los árbitros, los fichajes de última hora, el lío de las televisiones… Así que he decidido empezar por uno que no tiene nada que ver -o tal vez sí- con los anteriores.

Poco después de cerrar el chiringuito recibí un correo electrónico de Juan Manuel Rodríguez, Jefe de Deportes de la Cadena COPE en el que me “agradecía” que le leyera a pesar de que en uno de mis posts anteriores le calificara como talibán. En fin, el contenido de esos mensajes cruzados es lo de menos, aunque sí diré que en uno de ellos le dije que, en mi opinión, el periodismo deportivo es -salvo excepciones- el de menor calidad y el menos riguroso de todos, prensa rosa al margen. Roncero, Guasch, Carazo, José Vicente Hernáez o Mascaró son algunos ejemplos del nivel que padecemos los lectores, aunque de ellos se ocupa ya La Libreta de Louis.

El panorama televisivo ha mejorado levemente con la desaparición de “Maracaná” y, sobre todo, de “El Rondo”, esa olla de grillos fanáticos entre la que destacaba con voz propia (y demasiado elevada) la figura de Roberto Gómez.

¿Y la radio? La bipolarización tradicional de la radio nocturna (García/de la Morena, de la Morena/Abellán) sigue vigente, aunque existen algunos intentos (Onda Cero, Punto Radio, las emisoras de ámbito autonómico) de comer terreno a los dos grandes acumuladores de audiencia.

Sin embargo, desde hace unos años está en marcha Radio Marca, la primera radio temática dedicada íntegramente al deporte y a la que un conocido bloguero sevillista denomina, sin duda cariñosamente, “Gran Eme Roja de Manipulación”.

Creo que “La radio del deporte”, como se autoproclama, debería hacer algo más que ofrecer muchas horas de información deportiva. Debería conseguir que ésta fuese, además, de calidad. En mi modesta opinión, lo consigue a medias, pero le veo dos grandes lagunas: el magazine de la tarde (Intermedio, dirigido por Paco García Caridad) y el programa nocturno (Plusmarca), al frente del cual está Agustín Castellote. Si bien ambos son perros viejos en el mundo de la radio, hay una sustancial diferencia entre Caridad y Castellote. Al segundo le conozco de los tiempos en que era el lugarteniente de José María García en la COPE y, aunque no se rodea de los mejores tertulianos del mundo, se puede ver un hilo de continuidad en su trayectoria.

Caridad es otra cosa. También es un veterano de la radio a quien recuerdo como delegado de deportes de Antena 3 Radio (creo que en Las Palmas, porque en Zaragoza estaba Daniel Llagüerri), cuando García dirigía los deportes en aquella emisora. Él perpetró las peores transmisiones televisivas de fútbol que recuerdo (en este caso ya en A3 TV) y debo reconocer que tras aquellos partidos de los lunes le perdí la pista. Hasta hace más o menos un año, cuando escaneando el dial de la radio del coche apareció en el 89.1 de la FM, la frecuencia de Radio Marca Barcelona. Le escucho de vez en cuando -no sé si porque sólo lo hago en el coche o, sencillamente, porque me pone de mala leche-, pero he llegado a la conclusión de que Caridad no ha evolucionado. Ha querido trasladar el clásico esquema de la medianoche a las cuatro de la tarde y, lo que es peor, se ha creído que es José María García, lo que le lleva a practicar un estilo que triunfó durante unos años pero que suena ya rancio y superado (aunque lo que se lleve hoy sea tan patético aquello).

Pero, más allá del poco dominio del lenguaje radiofónico (¿alguien conoce algún otro programa cuya sintonía suene durante más de tres minutos de forma ininterrumpida sin que el locutor diga ni pío?) y de su escaso nivel para conducir con ritmo un programa de tres horas, Caridad es el equivalente en la radio de los periodistas estrella (?) que pueblan los diarios deportivos y que no hacen más que rebajar la calidad de este tipo de prensa. Fomenta la participación de los oyentes a través de mensajes SMS y los ignora la mayoría de las veces (impagable la anécdota que recogió en su día Bar Deportes); elige con cuestionable criterio a “representantes” de diversos equipos en sus tertulias (lo de Rafael Carrasco como culé no tiene desperdicio… ¿qué sabrá este hombre de fútbol, por gran director ciclista que fuese? ¿no será por su odio visceral a todo lo que suene a Laporta?); practica la demagogia y sigue entusiasmado las pautas que le marca su grupo de comunicación (su defensa de la portada de Marca “Queremos fútbol gratis” no hay por dónde cogerla, y él lo sabe) y, aunque “no le gusta mezclar el deporte y la política”, salta a la yugular de quienes no piensan como él.

Me gusta el concepto “radio del deporte”, sobre todo porque soy consumidor compulsivo de radio desde que tengo uso de razón. Pero creo -y, repito, es sólo mi opinión- que mientras no se rejuvenezca el proyecto, se haga más plural y se dé manos libres a las nuevas hornadas de periodistas de la casa (Pablo López, Pablo Juanarena, Vicente Ortega… incluso alguien de la periferia) , no se logrará más que perpetuar la decadencia constante que asola al periodismo deportivo de este país. Pero que no se preocupe Caridad: aunque sea por ese masoquismo y a esa vocación sufridora que nos define a los culés y nos emparienta con los colchoneros, de vez en cuando seguiré escuchándole.

Foto: radiomarca.com

P.D. Durante estos meses he recibidos varios correos pidiéndome intercambio de links. En unos días estarán todos actualizados.