Después de la soberana lección que el Sevilla le dio el pasado viernes en la final de la Supercopa, el Barcelona ha arrancado la Liga como debía: con victoria. Estuve todo el fin de semana fuera, pero me bastó echar un vistazo a algunos blogs y a los periódicos para volver a comprobar el distinto prisma con el que unos y otros analizaron el resultado de la final. Los primeros, en líneas generales, han sido más comedidos y, aun reconociendo la justa victoria sevillista, han optado por la moderación y por poner las cosas en su justa medida. Los segundos, por su parte, han pasado -como viene siendo habitual- del infinito al cero para, tras el partido de Vigo, volver a incidir en la euforia que alimenta esa especie de dolencia maníaco-depresiva tan difícil de entender para una persona con criterio y minimamente reflexiva.
El Sevilla fue mejor, mucho mejor que el Barça en Mónaco. Por eso ganó. Por eso y porque los jugadores del Barça no aparecieron y fueron incapaces de demostrar la conjunción y la concentración que han demostrado en las últimas dos temporadas y media. Juande Ramos (un entrenador, todo hay que recordarlo, que descendió al filial azulgrana a segunda división B y que a punto estuvo de hacer lo mismo con el Espanyol) ha recibido merecidos elogios, aunque algunos de ellos tan oportunistas como el de mi “admirado” Roncero en “El Rondo”, donde le “agradeció la victoria en nombre del fútbol español por haber demostrado que al Barça se le puede ganar” (sic).
Ayer, el Celta intentó emplear la táctica que todo el mundo cree idónea para frenar al Barça y que tan bien explica Perarnau en su blog. Le funcionó durante la primera parte aunque tampoco creó demasiado peligro cerca de la meta de Valdés. No sé qué dijo Rijkaard a sus jugadores, pero en la segunda parte la actitud fue otra muy distinta: agresividad, rapidez en la circulación de balón y un despliegue técnico y físico (lo de Eto’o es para quitarse el sombrero) extraordinario a estas alturas de temporada. Conclusión: tres puntos al zurrón y quince días para descansar, ponerse a tono físicamente y preparar el verdadero inicio de la temporada, sin Ligas “interruptus” y con la llegada de la Champions League.
Pese al bofetón de Mónaco, tengo buenas sensaciones para esta temporada. De hecho, ¿alguien puede decirme dónde hay que firmar para perder la Supercopa de Europa cada temporada?
Foto: sport.es