Las principales ligas europeas encaran ya su recta final y todo parece más que decidido, al menos en cuanto a los respectivos campeones.
El Barcelona lidera la liga española con 11 puntos de ventaja sobre el segundo. La Juventus encabeza la suya con 8. El Chelsea lleva 12 puntos más que el Manchester United. El Lyon aventaja en 10 al segundo. El Bayern, en 8 al Hamburgo.
¿A qué se debe tanta desigualdad? Empiezo a creer que el nivel de las ligas nacionales ha caído en picado en los últimos años. En Inglaterra, el Chelsea se ha hecho con una gran colección de cromos que ha puesto a disposición de Mourinho para que creara un equipo muy efectivo y algo menos espectacular. Esa inversión ha coincidido en el tiempo con el mal momento de sus principales rivales. El Arsenal está en plena reconstrucción y el Liverpool -mal que me pese por las simpatías que le tengo desde hace muchos años- no tiene la calidad que se le presume a un todavía campeón de Europa. En cuanto al United, creo que debería afrontar una profunda remodelación en la que no tiene cabida Ferguson, por mucha institución que sea.
Si nos vamos a Italia, todos vemos cómo juega la Juve de Capello. Corren, presionan, pelean… y ganan por uno a cero. El Milán, único equipo que ha apostado en los últimos años por un juego algo más vistoso, se ha quedado atrás y no parece que puedan hacer más en la Liga. El Inter, tres cuartos de lo mismo.
La liga alemana es la que menos sigo, pero creo que es la que menos nivel tiene de las cuatro. En Francia, no hay más que ver un partido del Lyon (¡qué bien juega ese equipo y qué bien haría el Milan en no confiarse!) para entender el porqué de su diferencia respecto al segundo. En cuanto a la española, la diferencia de juego, calidad y actitud del Barça respecto a sus rivales es enorme, por mucho que algunos medios de comunicación se empeñen en cuestionar su dominio.
La conclusión final que extraigo de esta situación es que todas las ligas se han ido igualando, pero a peor. Sólo aquellos clubes que han apostado por un estilo distinto y por un bloque han sabido destacarse del resto. Los equipos sin estilo definido (Madrid, Manchester), con juego avaro y rácano (Liverpool, Valencia) o en fase de reconstrucción (Arsenal) están pasando por su particular travesía del desierto, algo que han aprovechado clubes como Osasuna, Fiorentina o Tottenham para aportar frescura a sus campeonatos. La única excepción que confirma la regla es la de Juventus, un equipo que funciona y al que todos temen pese a su fútbol, un fútbol que, por mucho que gane, aburre a las ovejas.

P.D. En “El Orsay de Tomás Guasch”, en el As de hoy, leo una referencia a la Copa de Europa de 1992 que ganó el Barça en la que poco menos que se ríe de los rivales que participaron ese año en la competición: “El representante alemán fue el Kaiaserese; el de Italia, la Sampdoria y así… Claro que demolieron Wembley: ¡fue para no dejar testigos!”. Aunque el comentario intenta ser irónico, me gustaría aclarar algo: en 1992 la Copa de Europa la jugaba únicamente el campeón de cada liga. Si ese año estaban equipos como Sampdoria, Kaiserslautern, Olympique de Marsella, Glasgow Rangers, Benfica, Arsenal, Dynamo de Kiev, Panathinaikos, Göteborg, PSV Eindhoven, Anderlecht, Estrella Roja o el propio Barcelona, ¿no sería porque fueron mejores que Juventus, Milan, Inter, Bayern, Lyon, PSG, Celtic, Oporto, Manchester Utd., Liverpool, Ajax o Real Madrid en sus respectivas ligas?