Archive for mayo, 2009
El colofón perfecto

Un triunfo perfecto para completar una temporada histórica. Sí, es cierto que con demasiada frecuencia recurrimos al grandilocuente término “histórico”, pero es que este año ha sido espectacular.
Quienes acudimos al Camp Nou cada día de partido hemos visto esta temporada algo que no podíamos imaginar ni en el más optimista de los sueños. Buen juego (magnífico), goles, humildad, esfuerzo, trabajo, presión, goleadas… Todo lo que cualquier barcelonista anhela cuando el equipo se reúne a mediados de cada mes de julio al iniciarse la pretemporada.
Se cierra un ejercicio mágico que pasará a la historia del F.C. Barcelona por varias razones. Entre ellas, el increíble rendimiento que Guardiola, un entrenador debutante en el que muy pocos confiaban, ha sabido sacarla a un equipo que el año anterior había hecho el ridículo.
Pero también será recordado como el año de la confirmación de Messi, Iniesta y Xavi (¿alguien recuerda los debates que se organizaron cuando Rijkaard ponía juntos a Xavi, Iniesta y Deco en el centro del campo?) como exponentes del juego de toque. Y como el año en que borramos aquel lejano 0-5 del Bernabéu en blanco y negro por medio de un colorido recital que terminó en 2-6.
Y, naturalmente, como el año en que ganamos nuestra tercera Copa de Europa. Un trofeo que a mí, personalmente, me ha sabido incluso mejor que las anteriores, porque se ha conseguido respondiendo al modelo y al nivel de exigencia que un holandés tan genial como criticado, instauró hace ahora veinte años cuando sentó las bases del juego que define al club.
Triplete, trébol, triple corona… Llamadlo como queráis, porque no sé cuál de esas palabras da más lustre a lo conseguido.
Yo, mientras tanto, me limitaré a decir una sola: GRACIAS.
Gracias, yayo
Ayer se fue mi abuelo, el último que me quedaba. Tenía 95 años, bastantes de ellos -muchos- tocados por la mala suerte, especialmente desde aquel accidente laboral que le obligó a ir con muletas desde 1977.
Aunque durante unos años le veía prácticamente cada fin de semana, debo reconocer que en los últimos tiempos apenas lo hacía más que cuando, por razones de trabajo, me tocaba pasar cerca del pueblo donde vivía y en el que se instaló a llegar, hace ya varias décadas, de su Granada natal.
Aun así, le echaré de menos. Igual que a mi abuela, que también nos dejó hace algunos años. Recordaré toda la vida aquellos roscos anisados que los dos nos ofrecían siempre que les visitábamos y que, aunque ni a mis hermanas ni a mí nos acababan de convencer, nos comíamos con la mejor cara posible: la que merecía quien compartía con nosotros lo poco que tenía.
Agustín tiene ya el reposo que la vida le negó en sus últimos años. Nos deja el recuerdo de un temperamento fuerte, propio de quien debió batallar duro para sacar adelante a sus seis hijos después de la Guerra Civil.
Pero a mí -y permitidme ser egoísta- me ha dejado algo más: la fortuna de tener como padre a la mejor persona que he conocido en la vida y cuya tristeza de ayer me partió el alma.
Si, como dicen, todos tenemos una misión en la vida, por pequeña que sea, creo que Agustín y Gabina cumplieron la suya con creces. Y jamás podré agradecérselo lo suficiente.
Un campeonato más que merecido

Se acabó lo que se daba y, como decía Helenio Herrera, el Barça ha ganado la Liga sin bajar del autobús. O, mejor dicho y tras la tercera derrota consecutiva del Madrid, sin siquiera subir a él.
El dominio del equipo de Guardiola en este campeonato ha sido de tal calibre que no cabía otro desenlace posible. El juego de toque instaurado desde la llegada de Cruyff, aderezado con influencias externas y perfectamente trabajadas por el entrenador, es el que ha llevado al Barça a hacerse con su 19ª liga en sus 110 años de historia. Y no sólo a ‘campeonar’, que diría Sotil, sino a hacerlo levantando la admiración de quienes, más allá de forofismos, aman este deporte.
Es más que posible que otros equipos recurran a distintos métodos para ganar, desde el pelotazo largo hasta el coraje. Métodos válidos, sin duda. Y también es más que posible que el Barça no sepa ganar sin intentar jugar bien. Somos así de exigentes (o así de idiotas, según se mire), pero el placer de ganar y de poder disfrutar viendo fútbol al mismo tiempo es un plato de sabor insuperable.
Ojalá nos quede espacio para el postre. Hasta del 27 de mayo, disfrutemos del doblete.
¡Enhorabuena, culés!
4-1: Llega el primer título

El fútbol parece fácil cuando uno ve jugar al Barça. Incluso se le perdona llegar quince minutos tarde a una final como la de Mestalla y empezar perdiendo 1-0. El espectáculo que el equipo de Guardiola nos ofrece día sí, día también, es el mejor ariete contra aquella puerta de los Clemente, Capello, Benítez y todos aquellos que durante años decían que lo importante es el resultado, llegue como llegue.
El Barça de este año ha hecho disfrutar no sólo a los culés, sino a cualquiera que ame el fútbol como espectáculo. Y el repaso de esta noche al Athletic Club es un buen ejemplo de cómo afrontar una final que muchos -especialmente algunos- han pintado más equilibrado a priori de lo que realmente era.
Me resistía a decirlo hasta ahora, pero ya no puedo evitarlo: este equipo es, sin duda, el mejor que he visto nunca en mis cuarenta años de vida. Que dure.
Iniesta, ese hombre

Aún me tiemblan las piernas tras el golazo de Iniesta en Stamford Bridge. Estoy tan alucinado como asombrado por el lamentable arbitraje de anoche que, por una vez y no como ocurrió en el partido de ida o en aquel lejano 4-2 arbitrado por Collina, nos benefición frente a los ‘blues’.
Luego ampliaré el post, pero quiero dejar una cosa bien clara: la temporada es un completo éxito pase lo que pase en Mestalla y en el Olímpico de Roma. Llegar a dos finales y ganar la Liga (porque está ganada ya) es algo que ni los más optimistas pensaban hace ahora nueve meses, cuando Guardiola se hizo cargo de la plantilla.
Inenarrable

Se acabó el miedo, el canguelo, el cagómetro y las demás gilipolleces que se han inventado en los medios de comunicación que se editan en Madrid. Y se acabó (si es que existió algún día) de la mejor forma posible.
Confiaba ciegamente en el equipo de Guardiola, pero ni los más optimistas esperábamos un repaso de tal tamaño. Tal vez sí en el juego, pero desde luego no en el resultado. Este 2-6 es lo más impresionante que he visto en los últimos años. Porque aunque esta temporada ha habido más de una y de dos goleadas, meter seis goles en el Bernabéu no tiene precio.
Para mí, la imagen del partido no ha sido la media docena (¡qué gozada, por otra parte!), sino una repetición a cámara lenta de un regate de Iniesta sin balón a Gago y otro compañero suyo. Mejor dicho: lo mejor no ha sido el regate, sino la cara del argentino, como diciendo “No hay nada que hacer”. El reflejo de la impotencia frente al de la clase, el de una máquina frente a la de una mentira -el Madrid de Juande- que no ha sido capaz de ganar a ninguno de los pocos rivales serios a los que se ha enfrentado. Ni Liverpool, ni Barça ni, si me apuran, Atlético de Madrid.
Ahora voy a disfrutar de la resaca, de las últimas charlas digitales de Roncero y Guasch (¡va por vosotros, toreros!) en As.
Y el miércoles, otra guerra. Los demás, a ver Doctor Mateo.