El fútbol parece fácil cuando uno ve jugar al Barça. Incluso se le perdona llegar quince minutos tarde a una final como la de Mestalla y empezar perdiendo 1-0. El espectáculo que el equipo de Guardiola nos ofrece día sí, día también, es el mejor ariete contra aquella puerta de los Clemente, Capello, Benítez y todos aquellos que durante años decían que lo importante es el resultado, llegue como llegue.

El Barça de este año ha hecho disfrutar no sólo a los culés, sino a cualquiera que ame el fútbol como espectáculo. Y el repaso de esta noche al Athletic Club es un buen ejemplo de cómo afrontar una final que muchos -especialmente algunos- han pintado más equilibrado a priori de lo que realmente era.

Me resistía a decirlo hasta ahora, pero ya no puedo evitarlo: este equipo es, sin duda, el mejor que he visto nunca en mis cuarenta años de vida. Que dure.