No suelo hacerlo, pero hoy no puedo reprimirme. Acabo de leer el artículo titulado Que vigilen el dinero para Unicef” que Fabián Ortiz publica hoy en As.

Bajo el paraguas de retratar la situación política de Swazilandia, el articulista deja caer una sombra de duda extraña, inmunda, lamentable y gratuita acerca del destino final del dinero que el Barcelona donará a UNICEF tras el acuerdo de colaboración firmado hace unos días en Nueva York. Habla del regimen totalitario y déspota del rey de ese país africano y de la vulneración de los derechos humanos que se comete allí. Me parece bien que nos ilustre (aunque haya tenido que echar mano de Google, del atlas Aguilar o de la web de la Enciclopedia Británica para situar Swazilandia en el mapa) e incluso que nos diga que el gobierno suazi no sabe administrar el dinero. Lo triste del caso -porque no por esperado es menos triste viniendo de quien viene- es la frase final: “Suazilandia ha sido el país elegido por el Barça y Unicef para donar sus primeros euros”.
¿Y qué? ¿Va a dudar Ortiz ahora del uso que Unicef da a sus recursos económicos? ¿Cree acaso que el organismo de protección a la infancia o el F.C. Barcelona van a extender un cheque a nombre del tal Mswati III para que se lo gaste en aumentar su harén y su parque automovilístico?
Antes de soltar bilis por esa pluma -a menudo brillante en la forma y muchas veces execrable en el fondo- el periodista de As debería informarse acerca de cuál es la labor de Unicef en los distintos países en los que actúa.
Las pésimas condiciones sociales, económicas y sanitarias de los países subdesarrollados se deben, en gran medida, a la ausencia de un sistema democrático, al expolio realizado durante décadas por los países del primer mundo y al pésimo proceso de descolonización que éstos condujeron, estableciendo fronteras artificiales que no respetaron la tradición de las distintas etnias africanas y que han sido, en gran medida, causantes de los grandes conflictos que asolan buena parte del África subsahariana. No hay más que recordar lo que ocurrió en Ruanda hace muy pocos años.
Los países poderosos, que pierden el culo (con perdón) para “arreglar” aquellos países donde florece el petróleo (Irak es hoy, sin duda, un país mucho más libre y pacífico que hace unos años), pasan olímpicamente del África negra. No sé si temen que un continente con semejantes recursos pueda evolucionar y desarrollarse o es que, simplemente, les importa un bledo. En cualquier caso, eso no significa que haya que dejar de lado a los habitantes de Swazilandia, Ruanda o Sierra Leona.
Quien se tome la molestia de visitar la página web de UNICEF podrá conocer de primera mano qué se está intentando hacer en esos países y cuáles han sido los resultados obtenidos. UNICEF no nació para derrocar tiranos (que para eso está, en teoría, el gendarme americano y sus secuaces y lameculos), sino para intentar mejorar, aunque sea un poco, las condiciones de vida de los niños. Las diversas ONGs que trabajan en esos países intentan lo mismo, con mayor o menor éxito. Pero lo intentan. Y cualquier ayuda económica que reciban debe ser aplaudida y bienvenida, más allá de que guste a unos aposentados y aburguesados articulistas que escriben en función de la política del medio que les paga.
A veces me avergüenzo de la profesión que yo mismo ejerzo.
Mapa: UNICEF