Después de un partido horrendo en el Calderón (al que asistí en directo), de ver cómo la ventaja del Barça en la clasificación se reducía hasta los cuatro puntos, de pagar por un partido lamentable en Mallorca y de digerir lo mejor posible los ejemplos diarios de cómo una profesión como la periodística se dedica a servir sin vergüenza a un objetivo ajeno, hoy ha vuelto el fútbol al Camp Nou.

Y lo ha hecho ante un equipo -el Athletic Club- que vive aún la resaca de su clasificación para la final de la Copa del Rey y que no ha puesto en demasiados problemas al equipo de Guardiola, lo que ha servido al once blaugrana para reencontrarse con algunas de las sensaciones que transmitió durante veintitantas jornadas. Más presión, más velocidad de balón, poco acierto ante el gol pero, sobre todo, más Iniesta. La vuelta del jugador manchego es fundamental para un equipo que en ocasiones vive de su imaginación, de su desborde, de su dominio del balón y de su visión de juego.

El miércoles llega el Lyon. Espero que ese partido sirva para seguir adelante, tanto en la competición europea como en la recuperación del equipo.

Dos cosas más:

1. Espero con ansia las columnas de mañana acerca del Villarato.
2. El otro equipo de la ciudad -que diría Míster Berberechos- sigue su camino y compra todos los números para convertirse, como ya dije, en el propietario del más moderno estadio de todas las segundas divisiones europeas.

La foto es de EFE.