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Hoy es el día

Hoy es el día. El Barça se juega esta noche el pase a la tan ansiada segunda final consecutiva de la Liga de Campeones. Y lo hace frente a un Inter que llega con una ventaja relativamente cómoda, casi definitiva en cualquier otro estadio del mundo. Pero este encuentro se juega en el Camp Nou y ante uno de los mejores equipos que ha dado el fútbol moderno. Y esa es la principal amenazada para los italianos.
Acabo de llegar del centro de Barcelona y se respira un gran ambiente. La ciudad se ha teñido de blaugrana y por primera vez he sentido la inquietud de los grandes días, la serpiente que se despierta en los intestinos y no permite la relajación, la tranquilidad ni el descanso.
He visto un caracol que se deslizaba por el filo de una navaja. Ese es mi sueño, más bien mi pesadilla: arrastrarme, deslizarme por todo el filo de una navaja de afeitar. Y sobrevivir.
Coronel Walter E. Kurtz (Marlon Brando) en Apocalypse Now.
Presión para la #remuntada
Me gusta el color que está tomando el partido del miércoles frente al Inter. La afición culé, que muchas veces se autoproclama inmerecidamente como la mejor del mundo, está deseando que lleguen las 20:45 del 28-A con la esperanza de alargar hasta el 22-M la andadura blaugrana en la Liga de Campeones.
Grupos en Facebook, hashtags en Twitter, conversaciones en bares (las mejores redes sociales que existen), cartas a los medios de comunicación, blogs… El sarao que se está organizando alrededor de este partido es de los gordos y sólo en ocasiones como ésta -singulares, únicas y repetibles sólo cada pocos años- la masa de socios y aficionados del Barça puede compararse a la de equipos como el Atlético de Madrid, el ¡Cádiz!, algunos clubes británicos o, más recientemente, el Sevilla. El resto de partidos -grandes desplazamientos aparte- somos un cero a la izquierda, y no estaría de más que lo reconociéramos.
Desde aquí me uno también al deseo de remontar la eliminatoria con el Inter y me congratulo, al mismo tiempo, de que no hayamos caído en la tentación ikerjimenista de recuperar espíritus de jaimito y cosas por el estilo. Creo que el Barça puede llegar a la final de Madrid porque si hace lo que sabe hacer es, sencillamente, mucho mejor que el equipo de Mourinho. No hay más secreto que ese.
Pero me uno también al deseo y a la impaciencia culé por otro motivo: estoy convencido de que el equipo sabrá abstraerse de toda esa presión que entre todos estamos generando. Sabrá enchufarse y plantarse sobre el terreno de juego como ha venido haciendo desde septiembre de 2008.
Luego, como al fin y al cabo esto es un juego, que pase lo que tenga que pasar. Y que nos quiten lo bailao.
Apuesto por el Barça
A veces pensamos que el Barça juega solo, que los rivales no empujan, que no saben cómo afrontar un partido contra el campeón de todo. Y no es así.
El Inter demostró anoche que es posible hacer daño al once de Guardiola, pero también es cierto que nuestros jugadores no tuvieron su día. Unos lo intentaron y no supieron, otros no pudieron y, lo que es peor, alguno de ellos ni siquiera lo intentó.
Dejaré de lado el arbitraje -y creedme que me cuesta mucho- y seré crítico con Guardiola, que no supo romper la agresiva muralla que planteó Mourinho (un tipo que tan antipático que huele a blanco que asusta), y con los jugadores. Con el gol de Pedro, el partido estaba donde todos los culés queríamos; tras el descanso, los fallos defensivos y de concentración de más de uno de los nuestros nos condenaron a ese doloroso -por inhabitual- 3-1.
Apuesto por el Barça
Pese a todo, sigo creyendo en este equipo. Estoy convencido de que puede dar la vuelta a ese resultado y no dudaría lo más mínimo en jugarme unos euros (tampoco demasiados, que no está el horno para bollos) por el pase del Barça a la final del día 22 de mayo.
Quién sabe si el miércoles a eso de las once de la noche, las apuestas que debamos hacer se centrarán en el famoso partido del Bernabéu o convendrá mirar ya hacia el World Cup Betting.
En cualquier caso, que nadie olvide que antes de ese partido nos visita el Xerez. Y esa victoria es tan importante como la posible remontada frente a los italianos.
En autobús
Tras el partido de Liga del sábado (algún día -o no- hablaremos de ese equipo que ha pasado de jugar en Can Ràbia a hacerlo en Can Complejos), vuelve la Champions League. Y lo hace con un partido grande, de esos que nosotros disfrutamos mientras otros le dedican -con suerte- una esquina de su portada.
Ahora que hemos perdido la liga (porque dicen que ya la hemos perdido, ¿no?), no nos queda otra que dedicar un par de días (uno de viaje y otro de partido) a esa minucia que es una semifinal de la Liga de Campeones. Ese torneo menor que disputan cuatro mindundis europeos que, curiosamente, siguen luchando en sus respectivas ligas.
Si cuando se afrontaba la vuelta contra el Arsenal se obvió con acierto el clásico que venía después, ahora es tiempo de hacer lo mismo. Olvidemos la Liga ahora -ya habrá tiempo para disputarla y disfrutarla- y centrémonos en el Inter, que es lo que toca si queremos volver a tomar un autobús para, en este caso, volver a Madrid.
En autobús porque, como dice el mismo idiota que recuperó ayer el canguelo, el Madrid va en cohete y el Barça en autobús. Pues sí, tiene toda la razón. Unos preparan un cohete para ir a Zaragoza (la casa es grande y no repara en gastos) y otros se suben a un autocar para ir a Milán.
Debe ser que, como dice un compañero de cervezas, le hemos cogido el gusto a eso del autobús. Otros, tal vez, hayan olvidado qué se siente.

La reencarnación de ET
Lo que vimos anoche en el Camp Nou fue, sin duda, el regreso del campeón. En mi último post expresé mis dudas acerca del equipo y de su estado de forma, pero intuyo -ojalá sea así- que quienes decían que el bajón estaba poco menos que estudiado (con Martí Perarnau a la cabeza) pueden tener razón.
Ayer era preciso dar un golpe de timón y el campeón volvió a jugar como necesitaba y, lo que es más importante, cuando lo necesitaba. La baja de Xavi hizo que Guardiola apostara por un centro del campo mucho más físico en el que Touré se erigió como organizador de un modo tan espectacular como sorprendente, con Busquets guardándole la espalda e Iniesta -mejor, pero sin la chispa que le caracteriza- mandando. Y con Messi actuando como centrodelantero retrasado o como media punta avanzada, da igual.
Messi. De este futbolista ya no sabe uno qué decir, salvo que su capacidad para desbordar, inventar, decidir y golear no tiene parangón. Es, sin duda, lo mejor que he visto sobre un campo de fútbol; tal vez no tan elegante como el gran Ronaldinho (el de 2003-2006), pero sí más eléctrico y decisivo. Messi lo tiene todo, pero viéndole jugar parece que no sea suficiente. Se le ve disfrutar y aunque su clase se basa en su talento individual, creo que es un jugador de equipo enorme.
Se suele decir que la historia se repite, y lo cierto es que la trayectoria del Barça esta temporada se asemeja mucho a la campaña pasada. El bajón de resultados (mucho peor en 2009) se ha dado en las mismas fechas y la resolución de los octavos de final de la Liga de Campeones también se parece. (1-1, 5-2 en 2009 frente a un equipo francés). Si todo tiene que acabar como entonces, me alegro del carácter cíclico de la historia.
Porque el gran Barça volvió anoche. Porque, al contrario que otros, el campeón sí pasó la eliminatoria.
La hora de la verdad

Llega mañana el Stuttgart y será el momento de ver si el tan cacareado argumento de los picos de carga física y de entrenamiento es cierto o no. Tengo dudas respecto al equipo, pero no por su actitud, sino por la falta de frescura que ha demostrado en el último mes y pico.
Es cierto que la segunda parte contra el Valencia nos mostró a un Barça más dinámico, rápido y despierto, pero quiero ver si esa sensación es un espejismo o si realmente toda esa planificación física ha sido una estrategia digna de un crak de la preparación. No podemos esperar más: hay que verlo ahora. Mañana llega la hora de la verdad.
DEPENALTY, EN TWITTER
Tras unas semanas haciendo pruebas, ya se puede seguir al blog (y a su autor) a través de Twitter. Quien lo desee puede hacerlo a través de www.twitter.com/depenalty o mediante el widget que hay en la parte superior izquierda de esta misma página.
Sin punch: el muñeco se libró

Sin goles. Así acabó el que todos decían que era el mejor partido de la primera jornada de la Liga de Campeones.
El presunto duelo Eto’o-Ibrahimovic acabó en nada. El camerunés, sin sus compañeros del año pasado, no es el mismo. Marcará muchos goles, seguro, pero su aura como hipergoleador (al que le estaré siempre agradecido) acabará diluyéndose como un azucarillo en el café. En cuanto al sueco, tampoco aportó gran cosa. Juego de colaboración con sus compañeros y algún remate que otro fuera de los tres palos.
Lo que sí quedó claro es la que pueden ofrecer, a día de hoy, Inter y Barça. Uno, el eterno aspirante al trono europeo, parecía entrenado por Maguregui más que por Mourinho (aunque, bien pensado, costaría encontrar diferencias entre ambos). El otro, el vigente campeón de todo, demostró que no renuncia a su juego de dominio y control aunque pecara de falta de chispa arriba.
Lo mejor de todo es que esto puede servir para rebajar las expectativas que la gente ha depositado sobre el equipo de Guardiola, a quien exige que borde el fútbol en cada partido. El Barça fue mejor y mereció ganar, pero nadie marcó porque frente a las delanteras hubo dos muñecos de verdad (Valdés y Julio César), y no el pobre hombre que vimos el día antes en Suiza.
Ahora viene un período de no sé cuántos partidos cada tres días. Disfrutemos de ellos uno a uno. No vendamos, como hacen otros, ya que vamos ‘camino de la décima cuarta’.
Ya no sé qué decir
Pues eso. Que tras la exhibición de anoche ante el Bayern, uno no sabe qué palabras usar para describir la cara con la que miles de aficionados abandonábamos el Camp Nou. Espectáculo, lección… Da igual. Con partidos así se olvida uno de la presión, de los canguelos, de los cagómetros y de la madre que los parió.
Mientras tanto, otros se distraen con las declaraciones de Guti que, como intuía ya anoche, hoy son portadas de Marca y As. Esa es la diferencia entre la situación de un equipo y la del otro.
Felices minivacaciones.
Barça-Bayern

Dicen que el Bayern no es el equipo temible que ha sido siempre, pero yo no lo tengo tan claro. Son alemanes, tienen cuatro Copas de Europa y nos han eliminado en las dos ocasiones en que nos hemos cruzado con ellos.
Habrá tiempo para centrarse en esa eliminatoria y para analizar los puntos flacos y fuertes de los bávaros (que no bárbaros), pero ahora toca otra cosa: ganar al Málaga el domingo y hacerlo, si es posible, con la misma intensidad de juego de los tres últimos partidos.
No obstante y a pesar de jugar fuera el encuentro de vuelta, creo que el Barça tiene muchos números para pasar a semifinales. Poco a poco. Con prudencia. Sin chorreos.

