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Nace @proyectopanenka
Si hay una palabra con la que se llenan la boca empresas, científicos, gobernantes y cualquier hijo de vecino que se precie en este siglo XXI, esa palabra es innovación.
Hoy hace 35 años, un futbolista checoslovaco entonces (hoy checo, a secas) se jugaba el bigote en una tanda de penaltys con un lanzamiento que hizo historia. La final de la Eurocopa de 1976 enfrentaba en Belgrado a la República Federal de Alemania contra Checoslovaquia, uno de los herméticos países situados tras el “Telón de acero”.
Frente a Antonin Panenka, que así se llamaba el futbolista, se encontraba Sepp Maier, uno de los héroes que dos años antes habían doblegado a la Naranja Mecánica en la final del Mundial’74. El checo del bigote poblado picó suavemente el balón cuando vio que el portero se vencía a un lado, y la lenta trayectoria parabólica que dibujó la pelota bautizaba para siempre con el apellido Panenka un tiro verdaderamente innovador que, de haber acabado mal, podría haber llevado al bueno de Antonin a cualquier remoto gulag.
Con ese espíritu valiente, innovador y lleno de sentido común (?) nace @proyectopanenka, una nueva revista que esta tarde publicará el número cero en www.panenka.org al módico precio de 1 euro y en la que participa un gran grupo de periodistas enfermos de fútbol entre los que modestamente me incluyo.
Si queréis saber más, aquí tenéis el Manifiesto ‘Panenka’, que explica qué pretende la revista.
Os recomiendo comprarla. No os decepcionará.
De la buena vista al mal cerebro
Hay películas que no dejan de sorprenderte incluso si las has visto mil veces. Y una de ellas es la que tiene como protagonistas a dos grandes clubes y a buena parte del periodismo deportivo que los rodea. ¿Un ejemplo?
1. Un entrenador de fútbol sostiene que un partido recientemente disputado se resolvió por detalles como la buena vista de un línier, que señaló un fuera de juego tan real como difícil de ver.
2. Los periodistas recogen las declaraciones.
3. Un reportero de la redacción de deportes más prestigiosa del país pregunta a ese entrenador su opinión acerca de la posible designación de un árbitro de la misma nacionalidad que el técnico de su inminente rival, teniendo en cuenta lo que le ocurrió la temporada pasada en esa misma tesitura. El entrenador contesta que su colega estaría felicísimo.
4. Los periodistas recogen las declaraciones.
Pero, ¡ay, amigo!, no siempre la suma de los ingredientes da como resultado un plato lo suficientemente suculento, así que desde las más altas instancias de algunos medios de comunicación se decide aderezarlos un poco.
No sé si por interés (sí lo sabemos, pero sigamos la historia) o porque algunos de esos gerifaltes fueron los encargados de someterse a las pruebas de comprensión lectora de los informes PISA, prefieren darle un par de vueltas más al asunto. No basta con contar la verdad, sino que es preciso impedir que ésta te estropee una buena historia. O una historia, a secas. O una portada, que al fin y al cabo es dinero.
Total, que tras el punto 4, llega el 5.
5. Tras pasar los ingredientes por la Thermomix descontextualizadora, la opinión pública española se levanta con la idea de que el entrenador protagonista no sostenía en su explicación que el partido se había resuelto por detalles, sino que lo que hacía era criticar un acierto del árbitro.
6. El entrenador rival, que se ha pasado nueve meses en España quejándose hasta del color de los billetes de 500 euros (y varios años más en Inglaterra e Italia), aprovecha la ocasión para sumarse al carro de lo que hay quien llama “prensa mamadora” y se suma a la fiesta de las declaraciones.
7. Respecto al asunto de la nacionalidad del árbitro, el director de un periódico deportivo que -por mucho que lo intenta- no puede alcanzar en ventas al que perpetra(ba) un defensor de causas y piscinas ajenas, decide explotar un sufijo muy familiar para él y, con toda la mala leche del mundo (con perdón de ATO), se inventa otro palabro que pretende sostener que el entrenador del que hablamos influye en las nominaciones arbitrales. Y se queda tan ancho.
8. Mañana, los equipos que dirigen esos entrenadores se enfrentarán en el partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones. Y lo harán rodeados de una presión altísima, lógica si tenemos en cuenta que en la última semana se ha hablado de todo menos de lo más importante: el fútbol.
La pasada semana estuve en Mestalla viendo la Final de la Copa del Rey, y por un momento pensé que toda esa mierda que unos y otros se echan constantemente no afectaba a los aficionados. Sin embargo, todo cambió una vez dentro del estadio y, sobre todo, al abandonarlo y ver las reacciones de unos y otros. No sé si fue la tensión liberada, el alcohol o culaquier otra cosa, pero no me gustó lo que vi después del partido.
Y todo, más allá de la rivalidad Barcelona-Madrid, se lo debemos a la exagerada locuacidad de unos y otros, que no busca otra cosa que manipular a los medios de comunicación para lanzar su mensaje. Pero sobre todo se lo debemos a esos mismos medios, que hacen gala de una escasa responsabilidad y no dudan en maquillar la verdad -o travestirla, si es preciso- para vender un diario más, ganar un oyente o un espectador.
El periodismo es información, pero también es opinión y no conviene renunciar a ella, pero no estaría de más que las opiniones evitaran no sólo el insulto (¿verdad, señor Hernáez?), sino también aquellas falsedades que nos aproximan peligrosamente a la manipulación y a un sensacionalismo más propio de Pronto que de unos medios que pretenden ser serios y en los que, más importante aún, mucha gente considera dogma de fe.
Ya ven, 742 palabras para empezar hablando de la buena vista de un línier y terminar haciéndolo del mal cerebro de algunos. Suerte que mañana, aunque algunos lo olviden, hay fútbol.
Barça-Madrid: ¿periodismo o propaganda?
Siempre quise ser periodista. No me recuerdo de niño soñando con ser futbolista, astronauta o esas profesiones que se supone que todos anhelamos cuando somos pequeños.
Retrocedo unos cuantos años atrás (cada vez más) y me veo enganchado a una radio o, mejor dicho, a uno de aquellos transistores que mis primos me traían -hubo más de uno y de dos- en sus visitas desde Las Palmas de Gran Canaria, donde vivían.
Soy de los que disfrutaba con el Carrusel Deportivo de Joaquín Prat, Vicente Marco y García a pie de campo y de los que, para desempacharse de los anuncios de “Anís Castellana, el anís de España” y “Fino CB de Alvear” zapeaba (cuando no sabíamos que significaba ese verbo) al Tablero Deportivo de Radio Nacional con Santiago Peláez.
Siempre amé la radio. Disfruté a Puyal, a García, a Àlex Botines, a Juan Manuel Gozalo y su Radio Gaceta de los Deportes, a Miguel Ángel Valdivieso y sus interminables narraciones de los goles del Barça… Incluso los principios de De la Morena me parecieron originales.
Hoy me resultaría difícil encontrar una figura que mantuviera un cierto paralelismo con aquella radio y con aquel modo de hacer periodismo, si extendemos esa filosofía a la prensa escrita.
Tengo la sensación de que el periodismo que se estila hoy -salvo contadas excepciones- es más negocio que oficio, más propaganda que información, más toma-por-tonto-al-público que ahí-tienes-algo-para-reflexionar. Y es triste.
Y lo es no porque no haya buenos profesionales, que los hay, sino porque los consejos de redacción parecen dirigidos por comisarios políticos que marcan una línea editorial de la que es difícil desviarse. Comisarios políticos que, bien pensado, son comisarios económicos. “No importa lo que escribas ni lo zafio que sea mientras, eso sí, haga subir las ventas”.
El comisario decide y los reporteros obedecen. Comprensible, especialmente si tenemos en cuenta que estamos en crisis, que la gente -y los periodistas también somos gente- tiene hipotecas que pagar y que encontrar trabajo no es tarea fácil.
Así que me veo tragando durante algún tiempo con argumentos como “Mou es Dios, Pep mea colonia”; “Mouriño es un chulo, Guardiola es Teresa de Calcuta”; “Si gana el Madrid, bien; si lo hace el Barça, hay conspiración”. Vamos, lo que venimos viendo desde hace muchos meses (si no años) en los principales periódicos deportivos.
Lo peor de todo no es que nos tomen por tontos sino que, a tenor de las cifras de ventas y las audiencias de radio y televisión, debemos serlo. Porque tragamos y lo hacemos con gusto. O eso parece.
El ejemplo lo tenemos en estos 18 días en los que el Barça y el Madrid se van a enfrentar cuatro veces. Cada vez estoy más convencido de que esa coincidencia ha hecho más daño que bien.
Daño a la gente, cansada de tanto partido. Daño al consumidor de prensa, que traga y traga sobredosis de propaganda. Daño al fútbol, que parece formado sólo por estos dos clubes. Y daño al periodismo, que ha visto que si ya es difícil llenar páginas y minutos a lo largo de la temporada, mucho más complicado es huir de los tópicos. Ahí está la clave: los minutos y las páginas se llenan, muchas veces -las más- sin pensar en si se hace con un nivel de calidad mínimamente aceptable.
¿A quién ha hecho bien todo esto? Para empezar, al Señor PRISA, que es capaz de tomarnos por idiotas con el asunto del Villarato al tiempo que se hace con los derechos de la Champions League pocos días después de despedir a 2.500 profesionales. Tampoco le ha ido mal al Señor Unidad Editorial, que a diario insulta la inteligencia del lector con las portadas de Marca y, sin embargo, incrementa sus ventas. El Señor Grupo Godó también se ha aprovechado dando protagonismo al deporte (mejor dicho, al Barça) en sus medios. En cuanto al Señor Grupo Zeta, hace tiempo que no se le ve demasiado y que Sport, iniciador de esta política de periodismo de bajo nivel, quedó relegado a un segundo plano.
Otro tema es el asunto de las tertulias como Punto Pelota y similares, un formato que criticamos mucho pero que no debemos olvidar que nació en Sant Cugat con “El Rondo”, aquella tertulia (si los del Café Gijón levantaran la cabeza…) que dirigía Alfonso Arús en el circuito catalán de TVE antes de dar el salto a toda España y que puso de moda los gritos y la ininteligibilidad que ahora ejemplifican Pedrerol y su cohorte. Pero es otra historia.
Y, francamente, no sé si me apetece entrar en ella.
Foto: http://arabatik.wordpress.com/
Credibilidad, Wenger, @Cesc4Official y @donbalon_com

La salud del periodismo deportivo español está por los suelos. Hoy en día, parece que vende mucho más un personaje que un profesional, un intoxicador que un periodista riguroso, un telepayaso que un reportero serio. Nos guste o no, y salvo excepciones, es lo que hay en este gremio nuestro.
Por eso duele mucho cuando alguna de esas excepciones no sólo carece del reconocimiento que merece, sino que además recibe “hondonadas de hostias” (que diría Manuel Manquiña en Air Bag) por parte de un entrenador que tiene más de bluff que de divo llamado Arsène Wenger, y de un niño millonario sin personalidad que atiende al nombre de Cesc Fàbregas. Un Cesc que, o no recuerda lo que dice cuando habla o, simplemente, le entra amnesia producida por un extraño “canguelo”, un pánico cerval a lo que pueda decir el tipo que se lo llevó de Barcelona para jugar en un equipo en el que ha ganado el mismo número de títulos que el Espanyol.
Estoy hablando de la entrevista que publicó Don Balón al capitán del Arsenal, un trabajo de Roger Xuriach en el que participó también César Sánchez y el que el jugador catalán cuestionaba claramente la filosofía del Arsenal:
“Pero a partir de 2007 yo ya empecé a decir aquello de ”no ganamos pero jugamos muy bien”. Y después te das cuenta que no sirve. Disfrutas, durante una fase del campeonato, como este año, por ejemplo, cuando estábamos en cuatro competiciones distintas. Y dices: ¡si aquí lo tengo todo! Pero luego falta ese punto final y es aquí donde se tiene que tomar una decisión: O ir a ganar o a formar jugadores”.
La frase es clara, pero el entrenador alsaciano del Arsenal montó en cólera acusando a los periodistas de tergiversar sus palabras, puesto que -siempre según Wenger- “Cesc dijo exactamente lo contrario”.
Como dice el refrán, “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Y se ha demostrado una vez más que Wenger miente más que habla.
Durante unas horas, la revista Don Balón colgó en su página web un artículo titulado “Don Balón no manipula, Sr. Wenger” en el que, además de explicar sus razones, ponían a disposición de quien lo deseara un enlace para descargar el audio completo de la entrevista, donde se puede comprobar que los redactores de Don Balón transcribieron fielmente lo que dijo Fàbregas.
No sé por qué, ni el citado artículo ni el audio están disponibles hoy en el sitio web de Don Balón. No quiero pensar que se trate de una bajada de pantalones de la dirección de la revista, pero tiene toda la pinta. En cualquier caso, si alguien tiene el audio y me lo envía a depenalty@terra.es, lo colgaré aquí para que todos lo escuchen.
Si la praxis periodística ha sido absolutamente correcta, no hay motivos para borrar nada, como tampoco los hay para dejar con el culo al aire a dos profesionales que han hecho su trabajo y lo han hecho, además, muy bien.
El único patrimonio que tenemos los periodistas es la credibilidad. Sin eso, nos convertimos en Roberto Gómez, Tomás Roncero o José Luis Carazo. Y estaría muy bien que de vez en cuando, aunque sea para variar, quienes mandan en los medios tuvieran la dignidad suficiente como para no cercenar ese activo, ese intangible que hace que alguien nos lea/mire/escuche y crea lo que le contamos.
Cesc Fàbregas
La figura de Cesc Fàbregas, que parece hasta ahora libre de todo mal en este asunto, tiene también su cuota de responsabilidad. A través de su cuenta de Twitter dijo que le parecía “increíble que la gente le dé la vuelta a todo para hacer titulares y que Arsene Wenger ha tenido una gran influencia en mí y en mi carrera”.
Es decir, que se lavó las manos para quedar bien ante sus seguidores británicos, no vaya a ser que papá Wenger se enfade. Afortunadamente, en la prensa de las Islas Británicas hay algo más que sensacionalismo, y The Independent publicó en su web no sólo que Don Balón se reafirmaba en el contenido correcto de la entrevista, sino que su corresponsal -Pete Jenson- había escuchado el audio y corroboraba la fidelidad de lo escrito por Roger Xuriach.
Siempre he sido de los que ha apostado por el fichaje de Cesc Fàbregas por el Barça. Mis razones han sido siempre futbolísticas, pero si resulta que lo que tiene que venir es un jugador que no tiene siquiera el carácter para asumir sus declaraciones, será mejor que se quede en Londres.
Acabo. Y lo hago felicitando a Roger y a César por haber conseguido no sólo que Cesc diga lo que muchos pensamos sobre ese equipo que juega tan bien como pierde, sino por dejarnos claro que a Wenger le ha devorado su propio personaje. PEro, sobre todo, acabo felicitándoles por haber sido periodistas. Una vez más.
Foto: Reuters
Errores y manipulaciones
La polémica es algo propio del fútbol. Es lo que permite que se hable de este deporte más allá de los 90 minutos que dura un partido. Podemos discutir si una jugada es o no penalty, si hubo o no fuera de juego o si tal o cual jugador debió ser expulsado o mereció permanecer en el césped. Cada uno cuenta la historia según la ve o, en muchas ocasiones, según sus colores le hacen verla.
Lo que no es aceptable de ninguna manera es que el periodismo recurra a la manipulación informativa. Y eso es lo que hace -como informa el Diari Ara- el Diario As en su edición impresa de este lunes, borrando de una fotografía a Koikili, el defensa del Athletic Club cuya posición permite dudar acerca de la situación antirreglamentaria de Dani Alves en el primer gol del Barça.
Para que quede claro, vaya por delante que pienso que es fuera de juego. Me lo pareció en el estadio al ver la jugada en directo y confirmé esa impresión con las repeticiones.
Aquí está la imagen de la jugada tal como sucedió:
Y aquí la que publica As:
Parece que la manipulación de las fotos en algunos periódicos está de moda. Primero fue el Diari Gol y hoy le toca el turno al diario que dirige Alfredo Relaño, quien en un chat con sus lectores se ha justificado del siguiente modo:
Me he encontrado con eso esta mañana, cuando he visto que los foros estaban incendiados. Estoy avergonzado y pido disculpas por ese error a todos los compradores de AS y, más allá de ellos, al barcelonismo en general. Ya he entrado en dos radios de Barcelona para hablar del asunto. Estoy esperando a los del departamente de infografía para que me lo expliquen. En principio doy por buena la primera versión que me dan, según la cual se trataría de algo involuntario, fruto de un efecto al superponer unas instantáneas sobre otras. Espero que me lo demuestren. En nuestro descargo puedo aducir que en la edición web del periódico la jugada está bien reflejada desde el principio y que esta misma mañana, en cuanto se detectó el error en el papel, se incluyó en la misma la rectificación a la edición de papel. Y también incluiremos mañana, en nuestra edición de papel, la rectificación con nuestras excusas, dado que no todos los compradores-lectores de papel acuden a la web. Y estoy a disposición de cualquier radio u otro tipo de medio que quiera interpelarme sobre el asunto.
Relaño, un periodista de la vieja escuela, tilda el asunto de error. Y no lo es. Es un flagrante caso de manipulación. Un error sería encabezar una crónica con el titular de otro partido, confundir los goleadores en la ficha técnica o equivocarse en un pie de foto.
La enfermiza obsesión de Relaño con la teoría de la conspiración que él llama Villarato ha acabado por devorarle. Hoy, el Villarato se ha extendido hasta convertirse -salvo honrosas excepciones- en una suerte de libro de estilo del As. Tanto que podríamos decir que algunos de sus redactores e infografistas parecen haberse vuelto más papistas que el Papa. Más relañistas que Relaño. Todo es Villarato.
“No dejes que la verdad te estropee una buena noticia”, reza aquel famoso dicho. Si el encargado de hacer desaparecer a Koikili (o su instigador) buscaba con su trabajo la palmadita en la espalda del ideólogo del Villarato y su cohorte de aduladores, me temo que va a lograr la de los segundos, porque si Relaño es como todos los que le conocen dicen, espero que no se deje engañar con la excusa de la superposición de fotos.
Porque lo que ha hecho As es una manipulación. El error es no admitirla.
Protégeme de mis amigos…

Aunque uno quiera darle a Rosell el beneficio de la duda, los compañeros de viaje que se ha buscado no serían, precisamente, los más adecuados.
En la campaña electoral -e incluso desde que dimitió, me atrevería a decir- se rodeó de lo que Rubén Uría llama “prensa Lewinsky” (aka mamatoria) y muchos temieron (temimos) que hubiera demasiados favores que pagar tras alcanzar la presidencia.
Uno puede entender que gente como el Grupo Godó reclame el albornoz de turno como premio a los servicios prestados, pero soy absolutamente incapaz de comprender cómo un tipo inteligente como Rosell y sus ESADE’s boys se han rodeado de impresentables como los del Diario Gol.
La última de este panfleto (en el que escribe el ínclito Diego Valor, pseudónimo de Juanjo González, quien cuiriosamente dejó de escribir en su blog anti-Laporta después de la famosa Asamblea) ha sido eliminar de la foto de la celebración de la Liga al ex-presidente del Barça.
El gran gesto de Rosell invitando a Laporta a dar una vuelta de honor el día que el equipo recibió el trofeo de Campeón de Liga, minimizado gracias a esos tipos que se hacen llamar, para vergüenza de la profesión, periodistas. Espero que el presidente decida desmarcarse de la caterva de asnos que escriben en ese panfleto “dirigido” por el tal Xavi Mir, aunque eso le comporte granjearse su enemistad.
“Señor, protégeme de mis amigos, que de mis enemigos me protejo yo”. Pues eso.
Fotos: lalibretadevangaal.com
Mourinho, un filón

La prensa madrileña se frotaba las manos cuando se empezó a hablar del fichaje de Mourinho por el Real Madrid. Veían en él no sólo al anti-Barça (¡qué equivocados están!), sino también al tipo que devolvería al Maligno a la senda de la victoria.
Pero veían, sobre todo, al histriónico tipejo que les iba a permitir vender diarios como churros gracias a sus desplantes, a su mala educación, a sus salidas de tono y a sus provocaciones constantes. ¿Para qué inventarse cosas si Mou nos las sirve en bandeja?, pensaban.
El Especial ha tardado poco en complacer los gustos de la prensa pero, sorprendentemente, ésta ha mirado hacia otro lado. Mourinho se permitió el lunes dar lecciones de periodismo a quienes asistieron a la rueda de prensa, se mostró tan bravucón y chulo como pudo y se largó sin esperar a que su ex-colega tradujera al francés sus respuestas. Y, a pesar de todo, las portadas hablaron de Pedro León (As) o del dúo Higuaín-Benzema (Marca). Como dice “El Hacha” Rubén Uría en uno de sus últimos artículos, “Mourinho es el entrenador que se merece este periodismo deportivo“.
Me pregunto qué es lo que hace que se dispare con bala a un Guardiola más que correcto y se ignore al chulopiscinas portugués. Evidentemente, los colores cuentan, pero me temo que hay algo más: la imagen que Mourinho transmite del Madrid no gusta mucho a Superfloren.
Y claro, si el Ser Superior dice que no se habla de una cosa, pues no se habla.
Si la cosa sigue como hasta ahora y, sobre todo, si los resultados y el juego (ya se oyen las carcajadas de Pellegrini desde Santiago de Chile) no llegan, Florentino tiene ya un culo en el que recibir las patadas.
Pero el el del portugués es un culo que, a diferencia del Tampax, se mueve, se nota y traspasa, de manera que las patadas que den a Mourinho acabarán por alcanzar las sagradas posaderas de Florentino. Al tiempo.
Paco González, fuera de Carrusel Deportivo

Se especula mucho en Twitter y en los medios online, pero aún no se saben las causas de la destitución de Paco González al frente de Carrusel Deportivo de la Cadena Ser.
Yo crecí escuchando ese programa cuando no se veía más que algún partido de fútbol por la tele, primero los domingos y luego los sábados. Eran los tiempos de Vicente Marco y Joaquín Prat, del Anís Castellana, de las Boquillas Targar y de tantas otras cuñas publicitarias míticas.
El gol en código Morse me acompañó desde bien pequeño, y tal vez sea ese el último rescoldo de aquella época que permanece vivo en el Carrusel Deportivo de hoy.
No me gusta el giro que en los últimos años ha tomado el programa, especialmente con la incorporación de comentaristas que no tienen nada que aportar salvo forofismo (Poli Rincón), que aprovechan el micro más escuchado de España para arrimar el ascua a su sardina y a sus intereses (Minguella) o que van de vuelta de todo (como Petón).
Tampoco soporto la primera hora y veo que Pepe Domingo Castaño está pensando más en su retiro que en su trabajo.
Aun así, reconozco el mérito de Paco González, un tipo que sabe comunicar, domina el medio y -pese a no esconder sus preferencias- sabe conjugar la profesionalidad que merece el programa con la frivolidad de muchos de sus compañeros.
Por eso no entiendo (esperando, repito, a conocer las causas) la decisión de la Ser. Lo que sí sé es que ya hay directores de otras emisoras que se frotan las manos. Empezando por Onda Cero, cuyo Radio Estadio está muy bien animado (Taboada) pero fatalmente dirigido por Javier Ares.
Sea como sea, estoy convencido de que a González se le abrirá más de una puerta si finalmente, como parece, se le cierran las de la Ser.
A la vuelta de la esquina

Si hay algo que ha demostrado el Barça desde que Guardiola se hizo cargo del equipo es que raramente falla en las ocasiones importantes. Incluso cuando ha caído eliminado (Sevilla e Inter) ha dado muestras de capacidad, de trabajo y de lucha, virtudes que a los culés que tenemos una cierta edad nos parecen nuevas.
Anoche, el equipo volvió a interpretar el fútbol como sólo él sabe hacerlo, bailando a un Sevilla que vuelve a ser el que fue no hace demasiados años (un equipo del montón, sin más) por mucho que sus mandatarios se caractericen por sus ínfulas de nuevo rico.
También hubo cinco minutos de despiste y falta de concentración que pudieron costar caro, pero es justo decir que tras el 2-3 de Luis Fabiano no se sufrió más. Un par de saques de banda largos de Stankevicius y un remate alto de Kanouté. Y no hubo más. Ni peligro, ni angustia, ni leches.
La Liga está ahí, a la vuelta de la esquina, pero conviene rematarla el domingo frente al Valladolid para redondear una temporada que sería más que digna: Campeón de Liga, semifinalistas de la Liga de Campeones y eliminados en cuartos de final de la Copa del Rey ante el Sevilla (y nótese que digo Sevilla, no Écija ni Alcalá de Guadaíra).
Por otra parte, me gustaría hacer una mención a mis ‘idolatrados’ Eduardo Inda, Josevi Hernáez (por una vez saco del saco -válgame la cacofonía- a Relaño) y a un tal Látigo Serrano, si cabe aún de peor calaña que los anteriores. A todos ellos y a otros que me dejo en el tintero, les doy las gracias por hacer que la profesión que ejercen -y que es también la mía- envíe a los lectores menos inteligentes (los que tengan dos dedos de frente no entran en esta clasificación) la imagen de forofismo biliar integral que destilan sus escritos.
Capítulo aparte merecen dos portadistas. Uno, el de Marca, ya nos tiene acostumbrados a sus chorradas. El otro, al que no conocía, es el de Estadio Deportivo. Espero que su portada de ayer -fruto de su forofismo o de un exceso de La Guita- no le haya causado ninguna indigestión al comérsela con patatas. Que aproveche.
Cuando se pierden los papeles

Dice el tópico que vivimos en el mundo de la comunicación. En la era de Twitter, Facebook, los blogs y un sinfín de historias más. Y claro, cuanto mayor número de medios (o de canales, que diria el ya obsoleto Lasswell), mayor caudal de información. Mayor caudal, que no mayor rigor.
El periodismo se rige -o debería regirse- por un principio tan básico como olvidado: la contrastación de las fuentes antes de dar validez a una información. Si todo el mundo coincide en que la llamada prensa del corazón ha dejado de ser prensa para convertirse en un lamentable pero sorprendentemente exitoso espectáculo, mucho me temo que el periodismo deportivo ha optado por otra vía igual de triste: la de convertirse en un altavoz para que gente de todo pelaje se despache a gusto con lo que mejor le plazca.
Olvidemos la tradicional e interminable lista de nombres de futbolistas que tras año publican los medios de comunicación como inminentes -y hecho, tal como avanzó XXXX (pongan el medio que quieran)- y parémonos a observar la cantidad de personajes que se dedican a utilizar a la prensa para ganar sus diez minutos de warholiana gloria. Si el papel del periodista debe limitarse a lavarse las manos porque las cosas las dice otro, mal vamos.
Representantes de futbolistas, intermediarios financieros, deportistas resentidos, ex-candidatos electorales, paladines de la democracia interna, presidentes deslenguados… En los últimos meses hemos tenido ejemplos de todos los colores, pero muchos de ellos tienen un denominador común: son artistas a la hora de tirar la piedra y esconder la mano. Y lo hacen aprovechando la candidez o, peor aún, la dejadez, de los periodistas que les dan pábulo.
Luego, cuando la justicia se pronuncia, nos extrañamos de queden con el culo al aire. Y todo por la imposibilidad de probar las acusaciones lanzadas en los medios de comunicación, ya sea porque no encuentran las pruebas o porque, sencillamente, han perdido los papeles.
