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Paco González, fuera de Carrusel Deportivo

Se especula mucho en Twitter y en los medios online, pero aún no se saben las causas de la destitución de Paco González al frente de Carrusel Deportivo de la Cadena Ser.
Yo crecí escuchando ese programa cuando no se veía más que algún partido de fútbol por la tele, primero los domingos y luego los sábados. Eran los tiempos de Vicente Marco y Joaquín Prat, del Anís Castellana, de las Boquillas Targar y de tantas otras cuñas publicitarias míticas.
El gol en código Morse me acompañó desde bien pequeño, y tal vez sea ese el último rescoldo de aquella época que permanece vivo en el Carrusel Deportivo de hoy.
No me gusta el giro que en los últimos años ha tomado el programa, especialmente con la incorporación de comentaristas que no tienen nada que aportar salvo forofismo (Poli Rincón), que aprovechan el micro más escuchado de España para arrimar el ascua a su sardina y a sus intereses (Minguella) o que van de vuelta de todo (como Petón).
Tampoco soporto la primera hora y veo que Pepe Domingo Castaño está pensando más en su retiro que en su trabajo.
Aun así, reconozco el mérito de Paco González, un tipo que sabe comunicar, domina el medio y -pese a no esconder sus preferencias- sabe conjugar la profesionalidad que merece el programa con la frivolidad de muchos de sus compañeros.
Por eso no entiendo (esperando, repito, a conocer las causas) la decisión de la Ser. Lo que sí sé es que ya hay directores de otras emisoras que se frotan las manos. Empezando por Onda Cero, cuyo Radio Estadio está muy bien animado (Taboada) pero fatalmente dirigido por Javier Ares.
Sea como sea, estoy convencido de que a González se le abrirá más de una puerta si finalmente, como parece, se le cierran las de la Ser.
A la vuelta de la esquina

Si hay algo que ha demostrado el Barça desde que Guardiola se hizo cargo del equipo es que raramente falla en las ocasiones importantes. Incluso cuando ha caído eliminado (Sevilla e Inter) ha dado muestras de capacidad, de trabajo y de lucha, virtudes que a los culés que tenemos una cierta edad nos parecen nuevas.
Anoche, el equipo volvió a interpretar el fútbol como sólo él sabe hacerlo, bailando a un Sevilla que vuelve a ser el que fue no hace demasiados años (un equipo del montón, sin más) por mucho que sus mandatarios se caractericen por sus ínfulas de nuevo rico.
También hubo cinco minutos de despiste y falta de concentración que pudieron costar caro, pero es justo decir que tras el 2-3 de Luis Fabiano no se sufrió más. Un par de saques de banda largos de Stankevicius y un remate alto de Kanouté. Y no hubo más. Ni peligro, ni angustia, ni leches.
La Liga está ahí, a la vuelta de la esquina, pero conviene rematarla el domingo frente al Valladolid para redondear una temporada que sería más que digna: Campeón de Liga, semifinalistas de la Liga de Campeones y eliminados en cuartos de final de la Copa del Rey ante el Sevilla (y nótese que digo Sevilla, no Écija ni Alcalá de Guadaíra).
Por otra parte, me gustaría hacer una mención a mis ‘idolatrados’ Eduardo Inda, Josevi Hernáez (por una vez saco del saco -válgame la cacofonía- a Relaño) y a un tal Látigo Serrano, si cabe aún de peor calaña que los anteriores. A todos ellos y a otros que me dejo en el tintero, les doy las gracias por hacer que la profesión que ejercen -y que es también la mía- envíe a los lectores menos inteligentes (los que tengan dos dedos de frente no entran en esta clasificación) la imagen de forofismo biliar integral que destilan sus escritos.
Capítulo aparte merecen dos portadistas. Uno, el de Marca, ya nos tiene acostumbrados a sus chorradas. El otro, al que no conocía, es el de Estadio Deportivo. Espero que su portada de ayer -fruto de su forofismo o de un exceso de La Guita- no le haya causado ninguna indigestión al comérsela con patatas. Que aproveche.
Cuando se pierden los papeles

Dice el tópico que vivimos en el mundo de la comunicación. En la era de Twitter, Facebook, los blogs y un sinfín de historias más. Y claro, cuanto mayor número de medios (o de canales, que diria el ya obsoleto Lasswell), mayor caudal de información. Mayor caudal, que no mayor rigor.
El periodismo se rige -o debería regirse- por un principio tan básico como olvidado: la contrastación de las fuentes antes de dar validez a una información. Si todo el mundo coincide en que la llamada prensa del corazón ha dejado de ser prensa para convertirse en un lamentable pero sorprendentemente exitoso espectáculo, mucho me temo que el periodismo deportivo ha optado por otra vía igual de triste: la de convertirse en un altavoz para que gente de todo pelaje se despache a gusto con lo que mejor le plazca.
Olvidemos la tradicional e interminable lista de nombres de futbolistas que tras año publican los medios de comunicación como inminentes -y hecho, tal como avanzó XXXX (pongan el medio que quieran)- y parémonos a observar la cantidad de personajes que se dedican a utilizar a la prensa para ganar sus diez minutos de warholiana gloria. Si el papel del periodista debe limitarse a lavarse las manos porque las cosas las dice otro, mal vamos.
Representantes de futbolistas, intermediarios financieros, deportistas resentidos, ex-candidatos electorales, paladines de la democracia interna, presidentes deslenguados… En los últimos meses hemos tenido ejemplos de todos los colores, pero muchos de ellos tienen un denominador común: son artistas a la hora de tirar la piedra y esconder la mano. Y lo hacen aprovechando la candidez o, peor aún, la dejadez, de los periodistas que les dan pábulo.
Luego, cuando la justicia se pronuncia, nos extrañamos de queden con el culo al aire. Y todo por la imposibilidad de probar las acusaciones lanzadas en los medios de comunicación, ya sea porque no encuentran las pruebas o porque, sencillamente, han perdido los papeles.
Leo

Leo en el blog de Julián Ruiz en El Mundo un artículo acerca de la supuesta madriditis de Guardiola y me desternillo de la risa.
Leo el blog de Diego Valor y no salgo de mi asombro por la inquina que destilan los posts de alguien que firma con un seudónimo que contrasta con su voluntad de ocultar su -por otra parte ya desvelada- identidad.
Leo los editoriales de Eduardo Inda en Marca y me pregunto (sabiendo la respuesta) qué habrá hecho este hombre en su vida para dirigir ese diario, antaño prestigioso.
Leo los artículos de Alfredo Relaño y -además de preguntarme por que los leo- me cuestiono si el director de As no ha empezado a chochear.
Leo a José Luis Carazo y me da vergüenza ajena.
Leo y escucho a Josevi Hernáez y me repatea esa prepotencia y ese lenguaje que, de tan castizo, se ha vuelto casposo.
Leo, leo, leo… y de vez en cuando me encuentro con gente que realmente sabe lo que dice y, lo que es mejor, cómo decirlo. Segurola, Besa, Rico, a veces Sámano. Gente -casualmente- más joven y que no tiene la rémora del vicio adquirido, del tipo que no ha sabido adaptarse a los cambios y del que añora tiempos pasados.
Curiosa profesión ésta, en la que muchos de los que ejercen el periodismo deportivo juegan a ver quién es el que la tiene más grande. Como decía Serrat, entre esos tipos y yo hay algo personal.
Voy a seguir leyendo. A Paul Auster, claro.
La coartada del victimismo

Me prometí a mí mismo no volver a hablar de la rancia, cansina y absurda campaña del Villarato, la mano negra y esas miserias que llegan desde los medios deportivos que se editan en Madrid. Y voy a ser fiel a mi promesa, pero tengo que contar la última.
Esta mañana, a eso de las nueve, estaba atrapado en un atasco de tráfico y, como no era suficiente sufrimiento, he decidido sintonizar Radio Marca para ver qué lindezas decían Eduardo ‘el Piscinas’ Inda, Roberto ‘comoenCasaLuciodegorra’ Gómez y por Pepe ‘trabajoenBarcelonaperonoesculpamía’ Gutiérrez. No me había reído tanto en mucho tiempo.
El Piscinas aseguraba que el gol de Pedro era fuera de juego -si él lo ve así, hace bien en decirlo- y que lo había dicho toda la prensa por unanimidad. Cuando Juan Manuel Gozalo (aka Kubalita) le ha comentado que una televisión (Cuatro, añado yo) ha dicho que no era fuera de juego -o sea, que no había tal unanimidad-, a Eduardo ‘el Piscinas’ Inda le ha faltado tiempo para decir a voz en grito que esa televisión había manipulado las imágenes, porque la verdad era suya y sólo suya. Su verdad son hechos objetivos (como dar por buena esa ‘otra liga’ que el tal Josevi, el que se revuelca en su charca de ahí abajo, se trabaja cada lunes). Y si no, me llevo la pelota y aquí no juega ni Cristiano.
Un servidor, que ha recibido alguna crítica por hablar de ‘la prensa de Madrid’, ve que la prensa de Madrid empieza no sabe a qué atenerse. Ahora se atizan entre sí, aunque no sé bien con qué intención. Que se den, pero que lo hagan de verdad.
Mientras tanto, en As, un forofo al que le gusta emplear adjetivos con cierta elegancia y que presuntamente dirige el periódico, sufre del mismo mal que afecta a los aficionados madridistas: no aceptan que, desde hace ya algún tiempo, están por detrás. Ese mal perder -incluso que el Barça juegue en Tenerife en plena ola de frío peninsular es Villarato- ha hecho que Relaño chochee, se contradiga e insista en soltar una memez tras otra. Bastaría con que echara una mirada al retrovisor y leyera lo que él mismo escribió allá por enero de 2002. Sólo con que cambiara algunos nombres propios se le caería la cara de vergüenza. Si es que le queda alguna…
Ya saben la letanía: los árbitros son del Madrid (aunque pasara lo de Tenerife), los comités son del Madrid (aunque haya pasado lo de Rivaldo y Romero), el bombo es del Madrid (aunque el Figueres le toque al Depor), Aznar es del Madrid, el Rey es del Madrid… Tremendo. Incluso Zidane es del Madrid. Llegados a ese punto, encima el Madrid tiene aliados en las instancias que deberían combatirle. Para un día que no gana, Barça y Valencia pierden, y convierten el empate de Málaga en un resultado apañadito. Estamos ante un complot de tan amplio espectro como el que acabó con la vida de JFK.
Decía ayer que al Madrid le trastornó un poco el follón de la semana. Algunos de sus jugadores salieron demasiado bravos y otros demasiado apagados. Todos distraídos. Pero, de otra manera, el lío también ha afectado al Barça y el Valencia, los clubes desde cuyo entorno más voces indignadas se elevaron. Y es que no hay como la coartada victimista para desactivar a un equipo. El fútbol es difícil. Es duro, es cansado, cuesta no desfallecer. Déle excusas a un jugador o a un equipo y aflojará. Al Barça y al Valencia les han dado excusas y han aflojado.
En realidad, eso de la coartada victimista es lo que ha reducido el papel histórico del Barça a su dimensión real: una Copa de Europa frente a ocho. El camino bueno es ignorar las injusticias del azar (una de cuyas formas es el arbitraje) y poner uno de su cuenta los mejores medios. El camino malo es repetirse como una letanía que al rival se le conceden favores y que juega con ventaja, porque eso equivale, justamente, a darse por vencido. Véase: el Barça mató su racha en Vallecas. El Valencia salió pitado por su afición. Y ahora están más lejos del Madrid que el sábado.
Todo es cuestión de perspectiva. Caballera, isométrica… Perspectiva al fin y al cabo. Como la que desconocen los hábiles trazadores de líneas de fuera de juego que pueblan nuestras televisiones.
Onanismo pasajero

Josep Guardiola ha renovado su contrato como primer entrenador del Barça.
José Antonio Abellán, José Ramón de la Morena, Agustín Castellote, Paco García Caridad, Roberto Gómez, Alfredo Duro, Eduardo Inda, Josevi Hernáez, Tomás Guasch, Miguel Ángel Méndez, Iñaki Cano, Juan Manuel Rodríguez (¡saludos, amigo!) y tantos y tantos otros ‘insignes’ miembros de la prensa deportiva madrileña van a tener que dejar de tocarse los ídem como hacían cuando pensaban en la posibilidad (o, mejor dicho, en el deseo) de que Guardiola abandonara el club.
Fue bonito mientras duró, e incluso sirvió como cortina de humo para ocultar la tozuda realidad que marca la clasificación de la Liga. Pero todo en la vida se acaba, y no puede uno estar permanentemente pensando en la mujer de otro, aunque ésta sea Charlize Theron.
Se les acaba el darle palos a Laporta y se terminó también el breve pero intenso onanismo al pensar en la espantá de Guardiola. Encontrarán otro clavo al que agarrarse, y espero ansioso leer un titular que haga de espoleta. Mientras tanto, que sigan tocándose; nosotros sabemos lo que hay.
Barcelonitis
Hubo un tiempo -no demasiado lejano, aunque afortunadamente cada vez más- en que los aficionados culés se conformaban (nos conformábamos) con ganar al Real Madrid ante la exasperante falta de títulos. Culpábamos al Madrid de todo lo malo que nos pasaba -unas veces con razón y otras sin ella-, girábamos la cabeza cuando venían mal dadas y con ganar al otro equipo que había en la ciudad y a los merengues teníamos suficiente. Patético, sí, pero tan real como la vida misma. Tanto, que la prensa madrileña y la afición en general decidió llamar a a aquella filosofía como “Madriditis”.
Yo, que vi ganar la primera Liga al Barça con 17 tacos (la de Venables, porque de la del Cruyff jugador no me acuerdo), era de aquellos. Y digo era porque los últimos veinte años han servido para darle la vuelta a la tortilla, para ganar en ese tiempo tantos o más títulos que el Madrid (copa arriba, copa abajo) y, sobre todo, para crear un modelo de fútbol que se ha convertido -a fuerza de alegrías y sinsabores- en el referente para cualquier aficionado al fútbol.
Pero lo que de verdad, y pese a mi prudencia, me ha hecho darme cuenta que el sufijo “itis” ha tomado el puente aéreo es la reacción unánime de la prensa de Madrid, que se conforma con una “dulce derrota” en lugar de aspirar a los tres puntos. Es lo que hay: el nivel de juego del Real Madrid estaba tan por los suelos que cuando el equipo hace un partido mínimamente serio se descorcha el cava.
Francamente, no sé qué es más patético: salvar una temporada ganándole al máximo rival o conformarse con perder después de haber vendido las bondades de una plantilla hecha a golpe de chequera. Dos “dulces derrotas” en dos años (con un 2-6 de por medio, no lo olvidemos) dejan entrever que la Madriditis se ha convertido en Barcelonitis. Que dure.
Mal patriota, buen patriota

Vaya por delante que pienso que el Real Madrid tiene razón en todo el asunto de Cristiano Ronaldo y su lesión de tobillo. Y que pienso, también, que en cuanto el portugués viaje a Lisboa y le reconozcan el pie no le harán jugar.
No obstante, no puedo dejar de mencionar el doble rasero que se tiene en la prensa de Madrid, absolutamente escandalizada estos días por todo el affair.
Porque, ¿qué ocurrió cuando Iniesta viajó a Madrid -porque él sí viajó- y fue descartado para la Copa Confederaciones? ¿No se le acusó de borrarse? ¿No se tildó al Barça de no querer colaborar con la selección? ¿No se demostró luego que estuvo más de cuatro meses de baja?
La diferencia, claro está, es que no hablamos del Barça sino del Real Madrid; y tampoco de la “Roja”, sino de la selección portuguesa.Y, como leí ayer a Santiago Segurola en una de sus charlas en Marca,
Tiene razón. Cuando la patria se pone por medio es difícil la ecuanimidad. Depende de la patria de cada cuál, claro.
Pues eso. Que nos quede claro y que nadie nos pretenda dar lecciones de lo que está bien y lo que no.
Por eso, repetid conmigo:
- Jugador del Barça lesionado que no va a la selección española = mal español que se borra ungido por el nacionalismo catalán.
- Jugador del Madrid lesionado que no va a la selección de su país = país malo que roba al Madrid y juega con su patrimonio.
Estas dos premisas son tan ciertas como que Maradona y Schuster lesionaron a Goicoechea y le crucificaron de por vida (deportiva, se entiende). Son así y punto.
Cuestión de paciencia

Hay derrotas y derrotas. Se puede perder intentando jugar a algo o hacerlo sin el más mínimo atisbo de estilo. Y eso es lo que demostraron Barça y Madrid en sus partidos de Liga de Campeones de esta semana.
El equipo de Guardiola -como muchos de los aficionados culés- saltó al campo creyendo que el Rubin Kazan había perdido el partido desde el mismo día del sorteo. No hubo concentración, ni velocidad de balón alguna. Simplemente, un grupo de jugadores que se pasaban la pelota de un modo cansino y que se vieron sorprendidos por un zapatazo lejano en el minuto 2 de partido. A partir de ahí, el Barça intentó jugar a lo suyo, pero sin movimiento, sin el “tocar, moverse y ofrecerse” que ha definido al equipo desde que llegó Guardiola, se pierde eficacia.
Creo que el problema se soluciona con entrenamiento y trabajo, único modo para que algunos de los jugadores más determinantes recuperen su forma. De momento, tal vez por los resultados del año pasado, parece que la calma sigue vigente en Can Barça.
Lo del Madrid es otra cosa. Hasta ahora, el equipo blanco ha sobrevivido gracias a la contundencia de su delantera, eso que ahora se llama “pegada”. Y sinceramente creo que si dejan trabajar a Pellegrini logrará hacer que el Madrid juegue a algo. El problema es que tiene al enemigo en casa. A los que mandan, que ven cómo los 250 millones invertidos no responden aún a lo esperado. A la prensa, que lo mismo pide goleadas y da por hechos los tripletes que llama “vejestorios” a los rivales (Manolo Lama se cansó de llamar ‘mi abuela’ a Seedorf durante la narración de anoche) y concede premios leyenda (?) al último que llega. A algunos jugadores que, según leo, hacen la guerra por su cuenta.
Es cuestión de paciencia. ¿La tendrán? lo dudo.
Me muero de miedo

Acojonado estoy. No se imaginan mis colegas de profesión -sobre todo los que llevan años ganando ‘la Décima’- el miedo que tengo.
No duermo por las noches y, cuando consigo hacerlo, tengo pesadillas. De puro canguelo, supongo. Tengo miedo y no puedo evitarlo. Debe ser porque el dogmático argumento que llega desde lo medios de comunicación capitalinos está en lo cierto y yo, ingenuo de mí, confío más en la herejía que puede suponer eliminar al Chelsea y salir del Bernabéu más líder que nunca.
Aun así, me cago por la pata abajo. No puedo remediarlo. Debe ser el cagómetro famoso. El que inventó el esperpento de Hugo Gatti (que se llevó 9 golitos en un Gamper con Boca Jr.) y reforzaron esos señores apellidados Guasch, Roncero y compañía y que se ve aliñado, cuando desaparece, por el Villarato de su director. O tal vez sea el canguelo del inepto de Eduardo Inda (¿qué hará cuando salga de Marca con un cohete en el culo y no tenga más piscinas ilegales que defender?) y del tal Josevi.
No lo sé. En cualquier caso, estoy aterrado, sí. Pero del lamentable y paupérrimo nivel de la prensa deportiva.