No acostumbro a hacerlo, pero hoy escribo este post cuando el partido del Barça en Málaga aún no ha terminado. El resultado, a la hora de teclear esto, es de 1-4. Pero me atrevo a publicar esto porque tengo la confianza suficiente en el equipo de Guardiola como para no sufrir reveses tan habituales en otra época.

Bajo un diluvio y en un césped encharcado, el Barça ha vuelto a dejar en evidencia que está en el buen camino. Seguramente la victoria de hoy no servirá para bajar del burro a muchos, pero no podemos negar que el equipo no sólo juega bien -como se le exige- sino que también lucha, trabaja y corre. Justo lo que le pedíamos las dos últimas temporadas.

Seguramente se dirá que el rival no era de entidad (¿hay alguno que lo sea?), pero a mí ese argumento no me sirve. Cuatro goles en un campo como La Rosaleda no se marcan todos los días. Es más, no hace mucho recuerdo un 5-1 patético con el no menos ídem Salva Ballesta como figura.

Este Barça tiene buena pinta. Y si cuando vengan los 4 partidos de diciembre sigue así, los incrédulos tendrán que rectificar su recalcitrante postura. Y bajarse, como aquel ciclista bejarano, de la bici.