Hay derrotas y derrotas. Se puede perder intentando jugar a algo o hacerlo sin el más mínimo atisbo de estilo. Y eso es lo que demostraron Barça y Madrid en sus partidos de Liga de Campeones de esta semana.

El equipo de Guardiola -como muchos de los aficionados culés- saltó al campo creyendo que el Rubin Kazan había perdido el partido desde el mismo día del sorteo. No hubo concentración, ni velocidad de balón alguna. Simplemente, un grupo de jugadores que se pasaban la pelota de un modo cansino y que se vieron sorprendidos por un zapatazo lejano en el minuto 2 de partido. A partir de ahí, el Barça intentó jugar a lo suyo, pero sin movimiento, sin el “tocar, moverse y ofrecerse” que ha definido al equipo desde que llegó Guardiola, se pierde eficacia.
Creo que el problema se soluciona con entrenamiento y trabajo, único modo para que algunos de los jugadores más determinantes recuperen su forma. De momento, tal vez por los resultados del año pasado, parece que la calma sigue vigente en Can Barça.

Lo del Madrid es otra cosa. Hasta ahora, el equipo blanco ha sobrevivido gracias a la contundencia de su delantera, eso que ahora se llama “pegada”. Y sinceramente creo que si dejan trabajar a Pellegrini logrará hacer que el Madrid juegue a algo. El problema es que tiene al enemigo en casa. A los que mandan, que ven cómo los 250 millones invertidos no responden aún a lo esperado. A la prensa, que lo mismo pide goleadas y da por hechos los tripletes que llama “vejestorios” a los rivales (Manolo Lama se cansó de llamar ‘mi abuela’ a Seedorf durante la narración de anoche) y concede premios leyenda (?) al último que llega. A algunos jugadores que, según leo, hacen la guerra por su cuenta.
Es cuestión de paciencia. ¿La tendrán? lo dudo.