Son muchos los motivos que llevan a una persona a abrir un blog: compartir aficiones, conocer gente, intercambiar opiniones, saciar su afán de notoriedad, evadirse de la rutina diaria, pasar el rato… Cada cual tendrá sus razones y todas, en principio, son respetables.

La pregunta que me viene a la cabeza es: ¿por qué visito unos blogs determinados? Lo más normal es hacerlo porque su contenido te interesa, porque te gusta el estilo de su autor o porque te apetece pasar el rato. Y luego están los trolls.

Una lamentablemente abandonada bitácora define a este tipo de personajes como “bichos peores que las cucacharas que se dedican a invadir tu foro o blog de mensajes monotemáticos, insultos y otros excrementos verbales. Acaban provocando la desesperación de los demás contertulianos que suelen abandonar tu güebsite”.
Pocas veces unas sencillas frases sirven para ilustrar la calaña de este tipo de ociosos, cobardes e indocumentados entes.

En esa misma web, el autor recurre a una metáfora para recomendar el mejor modo de tratar este problema: “Intentar deshacerse de un troll razonándolo equivale a pretender quitar una mierda del sendero aplastándola: ineficaz y… te pringas. Sé más inteligente, rodeal@”.

Si aun así no se acaba con la lacra, existen herramientas para evitar su presencia: WordPress (no sé si Blogger lo ofrece) dispone de un sencillo plug-in (Akismet) para catalogar como spam los comentarios procedentes de algunas IPs determinadas. Está pensado para evitar mensajes que te ofrecen todo tipo de productos farmacéuticos y panaceas universales, pero su versatilidad nos permite su uso como eficaz ahuyentador de trolls.

En los casi tres años que lleva funcionando De Penalty, sólo he usado ese recurso con un comentarista que, de vez en cuando, se dedica a soltar su rabia y su insatisfacción sexual en los blogs culés. No merece la pena ni comentar su nick, pero desde que sus comentarios no aparecen en el blog estoy mucho más tranquilo.

¿A qué viene todo esto? Ya hacía tiempo que quería hablar de cómo algunos indeseables pueden arruinar el buen ambiente de cualquier foro, pero el hecho que mi amigo Dfons haya optado por cerrar el suyo a causa de la mala educación de unos y otros me ha empujado a redactar estas líneas.

La blogosfera me ha servido para conocer gente que vale la pena, nuevos amigos con los que he compartido mesa y mantel o que me han ofrecido, como Dfons, un lugar para pasar la noche en su casa de Inglaterra. Y lo hizo sin conocerme más que de comentar en nuestros respectivos blogs o de participar en mis podcasts. Sólo por eso, vale la pena seguir en la brecha. Y hacerlo protegiendo este espacio de imbéciles imberbes que no conocen los límites que no pueden sobrepasarse en un espacio público (pero privado, no lo olviden) como este o cualquier otro blog.

Si eso significa ser acusado de censor (otra táctica habitual entre los trolls), que no se equivoque nadie: no es mismo sacar la basura que censurar.