Hay películas que no dejan de sorprenderte incluso si las has visto mil veces. Y una de ellas es la que tiene como protagonistas a dos grandes clubes y a buena parte del periodismo deportivo que los rodea. ¿Un ejemplo?

1. Un entrenador de fútbol sostiene que un partido recientemente disputado se resolvió por detalles como la buena vista de un línier, que señaló un fuera de juego tan real como difícil de ver.

2. Los periodistas recogen las declaraciones.

3. Un reportero de la redacción de deportes más prestigiosa del país pregunta a ese entrenador su opinión acerca de la posible designación de un árbitro de la misma nacionalidad que el técnico de su inminente rival, teniendo en cuenta lo que le ocurrió la temporada pasada en esa misma tesitura. El entrenador contesta que su colega estaría felicísimo.

4. Los periodistas recogen las declaraciones.

Pero, ¡ay, amigo!, no siempre la suma de los ingredientes da como resultado un plato lo suficientemente suculento, así que desde las más altas instancias de algunos medios de comunicación se decide aderezarlos un poco.

No sé si por interés (sí lo sabemos, pero sigamos la historia) o porque algunos de esos gerifaltes fueron los encargados de someterse a las pruebas de comprensión lectora de los informes PISA, prefieren darle un par de vueltas más al asunto. No basta con contar la verdad, sino que es preciso impedir que ésta te estropee una buena historia. O una historia, a secas. O una portada, que al fin y al cabo es dinero.

Total, que tras el punto 4, llega el 5.

5. Tras pasar los ingredientes por la Thermomix descontextualizadora, la opinión pública española se levanta con la idea de que el entrenador protagonista no sostenía en su explicación que el partido se había resuelto por detalles, sino que lo que hacía era criticar un acierto del árbitro.

6. El entrenador rival, que se ha pasado nueve meses en España quejándose hasta del color de los billetes de 500 euros (y varios años más en Inglaterra e Italia), aprovecha la ocasión para sumarse al carro de lo que hay quien llama “prensa mamadora” y se suma a la fiesta de las declaraciones.

7. Respecto al asunto de la nacionalidad del árbitro, el director de un periódico deportivo que -por mucho que lo intenta- no puede alcanzar en ventas al que perpetra(ba) un defensor de causas y piscinas ajenas, decide explotar un sufijo muy familiar para él y, con toda la mala leche del mundo (con perdón de ATO), se inventa otro palabro que pretende sostener que el entrenador del que hablamos influye en las nominaciones arbitrales. Y se queda tan ancho.

8. Mañana, los equipos que dirigen esos entrenadores se enfrentarán en el partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones. Y lo harán rodeados de una presión altísima, lógica si tenemos en cuenta que en la última semana se ha hablado de todo menos de lo más importante: el fútbol.

La pasada semana estuve en Mestalla viendo la Final de la Copa del Rey, y por un momento pensé que toda esa mierda que unos y otros se echan constantemente no afectaba a los aficionados. Sin embargo, todo cambió una vez dentro del estadio y, sobre todo, al abandonarlo y ver las reacciones de unos y otros. No sé si fue la tensión liberada, el alcohol o culaquier otra cosa, pero no me gustó lo que vi después del partido.

Y todo, más allá de la rivalidad Barcelona-Madrid, se lo debemos a la exagerada locuacidad de unos y otros, que no busca otra cosa que manipular a los medios de comunicación para lanzar su mensaje. Pero sobre todo se lo debemos a esos mismos medios, que hacen gala de una escasa responsabilidad y no dudan en maquillar la verdad -o travestirla, si es preciso- para vender un diario más, ganar un oyente o un espectador.

El periodismo es información, pero también es opinión y no conviene renunciar a ella, pero no estaría de más que las opiniones evitaran no sólo el insulto (¿verdad, señor Hernáez?), sino también aquellas falsedades que nos aproximan peligrosamente a la manipulación y a un sensacionalismo más propio de Pronto que de unos medios que pretenden ser serios y en los que, más importante aún, mucha gente considera dogma de fe.

Ya ven, 742 palabras para empezar hablando de la buena vista de un línier y terminar haciéndolo del mal cerebro de algunos. Suerte que mañana, aunque algunos lo olviden, hay fútbol.