Pues sí, de penalty. ¿Injusto? No sé qué decir. En el campo no vi bien la jugada, pero las radios -tanto las catalanas como las de las Españas- se empeñaban en decir que no, de modo que salí del estado pensando que no era penalty y cabreado por el lamentable juego del Barça, que aun así no se amilanó ante quienes se dedicaron a repartir cera a diestro y siniestro.

Luego, tras leer en Internet todo lo que se ha escrito en la prensa de Madrid, me lancé a buscar las imágenes del partido. Y, después de verlas una y otra vez, sigo sin tenerlo claro.

Hay agarrón, y un agarrón en el área es penalty. Otra cosa es que no se piten, pero quien mande en esto debería ponerse de una puñetera vez de acuerdo: o se pitan todos, o se cambia el reglamento. Mientras no se modifiquen las reglas, un agarrón en el área sigue siendo penalty. Y al que le pique, que se rasque, tal como hemos tenido que hacer más de una vez y tendremos que seguir haciendo en el futuro.

De Laporta y Sánchez Llibre, mejor no hablar. Uno va a su rollo, que es cualquiera menos el club que preside. El otro, cuya mentalidad me recuerda cada año que pasa al fenómeno que afectaba a Benjamin Button, debería hacérselo mirar. La verdad es que me da igual, pero un tipo que se refiere al rival como “el otro equipo” y es incapaz de pronunciar el nombre de la ciudad de la que presumen, no merece ni una línea más. Así les va.

Sólo una cosa más: dice un amigo bloguero que son ya tres los equipos que salen del Camp Nou contentos después de perder: Almería, Real Madrid y Espanyol. Como dijo Schuster, “no hase falta que dises nada más”.