Salió el Barça a Mestalla convencido del carácter mágico del número 3. Y en el fútbol, como en el póquer, los tríos no siempre salen bien. Aunque sean un buen punto de partida, un “full” te puede dejar con el culo al aire. Y tener el culo al aire teniendo enfrente un tipo con los antecedentes de Banega puede resultar peligroso.

El Valencia apostó fuerte y se encontró con dos goles a la contra que premiaron -a mi juicio, en exceso- su buena organización defensiva. Se movió bien, presionó fuerte y montó dos líneas muy juntas que fueron retrocediendo poco a poco y a medida que el Barça, ya en la segunda parte, encontró el comodín que completaba su trío: el balón.

Al final, los tahúres del Mississippi (Xavi, Cesc, Messi y Thiago) escondían la carta esférica en la manga sin que los chotos, que corrían como cabras, pudieran ver dónde estaba. Y pasó lo que tenía que pasar: Messi cargó el Remington double-Derringer que todo buen gambler esgrime y Cesc se ocupó de disparar para establecer la igualada.

La segunda bala también tenía dueño y tirador, pero David Villa decidió disparar al pianista y dejar con vida a un oponente que, sin un dólar más que jugarse, celebró las tablas como quien recibe el indulto del Gobernador cuando está en el corredor de la muerte.

A esa misma hora, el terrateniente SúperFloren bajaba a consolar al Sheriff “Jack Palance” Mou tras su rácano empate en las húmedas y montañosas tierras del norte. Cuenta la leyenda que le dijo:

– “Tranquilo, que un punto es un punto. Y todos los puntos son buenos, excepto los de sutura”.

Para sus adentros, no obstante, el ser superior pensaba:

– “Pero cuando lleguen los de sutura, la cabeza que se abrirá será la tuya. Y colgará del árbol más alto del rancho, esperando a que los buitres -que vuelan ya hoy en círculo- desciendan para sacarte los ojos mientras yo masco tabaco en la tranquilidad del porche“.