Tres de los más destacados futbolistas israelíes de todos los tiempos han jugado en España: Haim Revivo -ya retirado y hoy director general del Ashdod FC, club de la primera división de su país-, Yossi Benayoun -que juega en Inglaterra- y Dudu Aouate. Internacional israelí, el actual portero del Mallorca jugó en Maccabi Haifa, Maccabi Tel-Aviv y Hapoel Haifa antes que el Racing de Santander se fijara en él en el año 2003, por lo que, a sus 34 años, es una voz autorizada para hablar del fútbol de su país y de cómo afronta la sociedad israelí un conflicto que parece no tener visos de acabar.

¿Está el fútbol politizado en Israel?
Lo estuvo más en sus orígenes que ahora. Es evidente que hay aficionados y clubes que tienen una cierta afinidad con los partidos de la izquierda o la derecha, pero eso se nota cada vez menos. Quizás se aprecia más cuando se acercan las elecciones, que es el momento en que los candidatos acuden a los partidos y se dejan ver por los estadios.

¿Hablamos entonces de normalidad?
Como pasa en otros países, los políticos en Israel saben que a través del fútbol pueden alcanzar una mayor fama. El fútbol es un escaparate importante, y cualquier aparición en los partidos que juegan Beitar Jerusalén, Hapoel Tel-Aviv o Maccabi Haifa les representa salir en la televisión y en la prensa. La relación entre la política y el fútbol no suele pasar de ahí, independientemente que haya aficionados que sean más o menos fanáticos. Es más, te diría que sí podemos hablar de normalidad y que los políticos vienen cada vez menos al fútbol.

¿Qué tal es la convivencia con los jugadores árabes en los equipos y la selección?
Ahí sí te diría que hay una normalidad absoluta. En todos los equipos en los que he jugado he tenido compañeros árabes, y también los hay en la selección de Israel. Entre deportistas hay muy buen rollo y no miramos si unos son judíos y otros no. Jamás se mezcló la política en el vestuario, aunque sí hubiera de vez en cuando algunas bromas.

¿Convivencia normal salvo en Beitar Jerusalén?
El caso de Beitar no es tanto una política de club como de presión de la afición, que no quiere jugadores árabes en el equipo. Y es algo sorprendente, porque el equipo tiene muchísimos seguidores que los son. De alguna manera y salvando las distancias, es algo similar a lo que ocurre en el Athletic Club de Bilbao, que sólo ficha jugadores vascos. De todos modos, ya se está hablando de fichar jugadores árabes, aunque es un tema delicado porque hay gente a favor de hacerlo y otros que no lo están. En los últimos tiempos, su Director General, un exfutbolista llamado Itzik Kornfein, ha dicho públicamente que tiene la intención de fichar algún jugador árabe.

Pero la respuesta que ha tenido no ha sido precisamente positiva…
Personalmente, me sorprende que teniendo tantos seguidores árabes la afición se oponga. Lo podría entender si no tuvieran esos aficionados detrás, pero es un caso curioso.

¿Influye de algún modo el conflicto con los palestinos en el fútbol de Israel?
Creo que no. La liga en Israel se disputa de forma normal, igual que en España o en cualquier lugar del mundo.

Pero el conflicto está ahí…
Es cierto, el problema que ha habido toda la vida entre Israel y Palestina está ahí. Cada gobierno protege a los suyos e imagino que intenta hacerlo lo mejor posible. Ojalá el fútbol sirva para ayudar a que la paz llegue de una vez y los dos pueblos puedan vivir en tranquilidad.

¿Se imagina un partido entre las selecciones nacionales de Israel y Palestina?
Por supuesto, no creo que hubiera problema alguno en disputarlo. Yo mismo he participado en partidos organizados por el presidente Shimon Peres en el que un equipo formado por israelíes y palestinos se ha enfrentado a equipos como el Barça o la selección de Andalucía. Algunos de los futbolistas palestinos de aquel equipo incluso habían estado en cárceles de Israel, y durante aquellos días de convivencia charlamos e intentamos comprendernos mutuamente. Fue una experiencia muy bonita y que demostró que los deportistas estamos abiertos a cualquier acercamiento que nos lleve a la paz. Entre nosotros no hay ningún tipo de problema.

¿Tampoco entre las dos sociedades?
Tampoco. La situación allí hay que vivirla y conocerla para poder entenderla. Creo que es un problema delicado, pero pienso que la sociedad israelí quiere la paz igual que la desea la palestina. Nací en Nazareth y tengo muchos amigos árabes con los que convivo sin ningún tipo de problema, gente que comparte ese deseo de paz entre los dos pueblos.

Entonces el problema…
El problema está entre su gobierno (el palestino) y el nuestro. Estoy convencido de que la gente de la calle quiere la paz, porque cuando hay paz hay trabajo, hay vida, hay de todo. Tenemos que encontrar la clave para que se avance en esa dirección.

¿Cree que fuera de Israel se tiene una imagen real de lo que ocurre allí?
Para nada. Creo que la imagen de Israel es muy mala en todo el mundo, y lo peor es que no se ajusta a la realidad. A veces veo la televisión y escucho lo que se dice y me da cierta pena ver que lo que se cuenta tiene muy poco que ver con lo que ocurre en el país realmente. Es algo que me duele y yo, que puedo ser un pequeño embajador de Israel, intento explicar a todos cuál es la realidad. Hay mucha gente que me dice después de viajar allí que lo que han visto y lo que les han contado son realidades diferentes.

¿Por qué se tiene esa visión?
Porque Israel no tiene una persona que sea capaz de explicar al mundo lo que realmente pasa. No sabemos hacerlo. Sólo quienes viven allí están en condiciones de contarlo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y cuando la televisión muestra la imagen de un niño palestino muerto poco se puede decir para explicar la realidad. Y la realidad es que nuestro gobierno intenta proteger a la población mientras que sus políticos (los palestinos) se esconden tras la suya. Y eso el mundo lo desconoce. Jamás en la historia el pueblo judío mató, y la imagen que se transmite hoy de Israel va en sentido contrario. Pero repito que es un asunto de los políticos, porque entre los pueblos no creo que haya otro deseo que la paz.

¿Cómo puede ayudar el fútbol?
El presidente Peres intenta acercar a las poblaciones de Israel y Palestina a través de muchas iniciativas, y una de ellas es el fútbol. Yo colaboro siempre que puedo e intento aportar mi grano de arena, pero es una cuestión más política que deportiva alcanzar la paz definitiva.

¿Tiene fe en ello?
Tengo fe, pero muy poca. Miras la realidad y ves que cada vez la cosa está peor, y no me refiero a Israel solamente, sino al mundo en general. La gente vive con la esperanza de que, después de tantos años de guerra y de muertos, llegue el momento en que todos -israelíes y palestinos- podamos vivir tranquilos. Imagino que llegará un día en que esto ocurra.

La situación parece estar ahora más tranquila…
Es cierto. Tras unos años duros, ahora prácticamente no ocurre nada, a excepción de los misiles de corto alcance que de vez en cuando se lanzan contra la zona sur del país. En Israel se vive muy bien y con una casi total tranquilidad, pero también es un país pequeño en el que cualquier atentado tiene una gran repercusión y se siente próximo. En cualquier caso, no olvidamos que el problema está ahí y hemos aprendido a vivir con ello.

Foto. RCD Mallorca