El Barça se proclamó ayer campeón de Liga como mandan los cánones. Jugando bien, ganando su partido y desterrando todo amago de contubernio (lamentable Fernando Vázquez, por muy irónico que fuera su comentario). Fue a buscar el partido y lo encontró. Con toque, con criterio y con el mismo juego que le ha hecho acreedor de un título que tal vez la gente no valora en su justa medida por la proximidad de la final de la Liga de Campeones. Se acabó la tontería del cagómetro (habría que cambiar su definición para convertirlo en algo así como “aparato que sirve para desviar la atención sobre los males propios de una forma triste y de mal perdedor”), aunque me temo que aún habrá que aguantar las chorradas sobre el Villarato que profieren algunos.
Nadie a quien le guste el fútbol puede poner en duda la justicia del triunfo azulgrana, que se ha producido a falta de tres jornadas para el final. Gustará más o menos el resultado de la competición, pero si hay un año en el que puede decirse que “la Liga siempre la gana el mejor”, es éste.

Y, ya que estamos de fiesta, cuelgo un vídeo de un programa de Cuatro en el que se hace una curiosa lectura de la letra del himno de la Champions League.