Xavier Abu Eid, portavoz de la OLP y apasionado del fútbol

Xavier Abu Eid, portavoz y miembro del comité de negociación de la OLP, es un palestino de origen chileno que tiene dos pasiones: su país y el fútbol. En relación con la segunda, estuvo implicado de forma directa en la creación de la primera liga femenina de Palestina, de modo que puede hablar con conocimiento de causa de la realidad del fútbol palestino.

¿El fútbol de Palestina escapa a los problemas del país?
No. La liga está dividida a causa de la ocupación y de la dificultad que tienen los equipos de algunas zonas para desplazarse o para llegar al partido a una hora concreta. Hablo de situaciones en los que los equipos de Jerusalén Este no puede jugar como locales en sus ciudades porque los equipos del resto de Palestina no tienen permiso para llegar, o de casos de checkpoints que se han cerrado y que han obligado a los equipos y a las hinchadas a dormir en el autobús esperando que se abriera. También debo decir que hoy la situación es bastante mejor de lo que fue hace unos años y que estos escenarios no acostumbran a repetirse. Aun así, no tenemos la certeza de que no vayan a producirse de nuevo, de modo que tenemos que pensar cualquier tipo de proyecto -en el fútbol y en la vida- calculando que la ocupación pueda ir a peor.

El fútbol como espejo del país…
Ni más ni menos. Palestina es un país donde la gente siente pasión por el fútbol. Los miembros de FIFA percibieron eso durante todos estos años, igual que percibieron la infinidad de problemas con los que nos encontramos para desarrollar una estructura sólida. Poco a poco y gracias al trabajo de la PFA y de FIFA vamos consiguiendo cosas, aunque también es cierto que si el Estado de Israel no respeta resoluciones de Naciones Unidas como la 242 (que le conmina a volver a las fronteras de 1967 previas a la Guerra de los Seis Días), mucho menos interés pondrá en respetar las normas FIFA. Estos años de desarrollo institucional de la ANP nos permiten hablar de mayor normalidad, pero no de tiempos felices. La felicidad llegará con la libertad, cuando dejemos de ser el único país bajo ocupación militar del mundo.

Con esas condiciones, ¿cómo se ha logrado crear una liga con tanto éxito?
El fútbol que hace un equipo nacional genera identidad, exactamente igual que una liga nacional palestina. Durante años hubo la intención de crearla, pero Israel lo impidió una y otra vez. Antes de la existencia de la ANP era impensable tener una liga, y mucho menos una selección disputando partidos oficiales. Por eso no tuvimos equipo nacional reconocido desde 1948 y hasta que disputamos la fase de clasificación para el Mundial de Francia’98.

Hoy ya pueden jugar en casa…
Sí, es cierto. Hasta ahora habíamos actuado como locales en Egipto, en Dubai, en Kuwait… El pasado año fue el primero en el que pudimos disputar en Palestina partidos clasificatorios para el Mundial de Brasil y los Juegos Olímpicos de Londres, pero eso no ha evitado ciertos problemas. Muchas veces Israel no permite que los jugadores convocados de la franja de Gaza lleguen a Ramallah el día que están citados. En 2009, sin ir más lejos, disputamos contra Jordania el primer partido amistoso en nuestro territorio. En esa convocatoria hubo jugadores que ni pudimos traer (los exiliados en Líbano o Siria, por ejemplo), gente de Gaza que llegó tarde y en algunos casos jugadores que ni siquiera pudieron venir.

¿Se puede así desarrollar un fútbol de base como en cualquier país normal?
Es que no somos un país normal. Palestina es el único país bajo ocupación que existe en el mundo. Ha habido intentos de buscar alternativas como la llamada “paz económica” de Netanyahu, pero lo cierto es que no hay posibilidad de vida normal ni de desarrollar fútbol infantil si antes no termina la ocupación. Los chicos palestinos que quieren jugar al fútbol son niños que la sufren exactamente igual que el resto de la población.

¿Me habla de trauma?
Le daré un dato: desde 1967, 800.000 hombres palestinos han sido detenidos por Israel, y puede imaginarse la cara y el impacto que se le queda a un chiquillo cuando un ejército extranjero entra en tu casa y se lleva a tu padre. Hay niños que sufrieron los bombardeos de Cisjordania de 2001 y 2002, y otros que más recientemente vivieron en carne propia los de Gaza de 2008 y 2009. Son actos criminales que dejan secuelas psicológicas que será difícil que desaparezcan mientras no haya un estado palestino libre. Mientras tanto, la ANP y sus instituciones pueden esforzarse en fomentar el deporte con recursos propios, pero es evidente que jamás alcanzaríamos el potencial que tendríamos siendo un país libre.

¿Cuál es el nivel real del fútbol palestino?
Es difícil contestar a eso, sobre todo porque nos faltan muchos recursos con los que no podemos disponer. Si tuviéramos la libertad de contar con todos los futbolistas que están en Palestina y también con los de la Diáspora, creo que podríamos trabajar para situarnos entre los cien primeros países del mundo. Pero para eso es preciso que el futbolista se preocupe sólo de jugar al fútbol y no de obtener papeles y permisos para viajar de una ciudad a otra del país. No se puede crecer siendo el único pueblo bajo ocupación donde una potencia extranjera controla todos los aspectos de la vida.

Usted que lo conoce bien, ¿en qué situación se encuentra el fútbol femenino palestino?
Palestina debe ser de los pocos países que tengan un nivel similar en categoría masculina y femenina. Tenemos gente talentosa por naturaleza y jugadoras con muy buena potencia física. Lo que nos falta es -y esto puede aplicarse a hombres y mujeres- disciplina táctica, algo que tiene que ver claramente con la falta de divisiones inferiores. Los chicos empiezan a jugar al fútbol a un nivel relativamente profesional alrededor de los quince años. Si pudiéramos rebajar la edad de inicio y de entrenamientos se podrían mejorar esos aspectos tácticos, pero es difícil sin que cese la ocupación y podamos recuperar la libertad para desarrollar una estructura con cara y ojos.
A nivel de selección femenina, nuestro equipo ha ganado partidos y ha ayudado a situar a nuestro fútbol en el mapa. Son chicas que tienen la misma pasión por el fútbol y que lidian los problemas como pueden. Pero han ayudado, como digo, a situarnos más en el mapa, porque desde 1997 en FIFA no se nos nombra como Autoridad Nacional Palestina, sino con nuestro verdadero nombre: Palestina.