Según datos de la agencia de noticias Afrol (www.afrol.com/es), Sierra Leona viene sufriendo desde 1991 una terrible guerra civil y una profunda e implacable crisis humanitaria que ha dejado al país devastado. La guerra ha dado un vuelco totalmente drástico a la producción agrícola, ha reducido los ingresos que el gobierno venía obteniendo de la minería y ha conllevado la destrucción de centenares de escuelas, centros sanitarios y recursos administrativos. Más de la mitad de la población, estimada en 4,5 millones de habitantes, se ha visto obligada a desplazarse. Entre 20.000 y 75.000 personas han sido asesinadas y varios millares mutilados. Los desplazamientos de la población, la fuga de intelectuales y la destrucción de escuelas ha exacerbado la crisis educativa de un país que tiene un índice de alfabetización de aproximadamente un 20 por ciento.
Os explicaréis por qué cuento esto y qué tiene que ver con el fútbol, que es de lo que se habla aquí. Pues tiene que ver, y mucho.
Leo en El Periódico de Catalunya un fantástico reportaje de Sergi López-Egea donde se cuenta que un misionero español, Chema Caballero -madridista, aunque eso sea lo de menos-, utiliza el fútbol como herramienta de reconciliación y convivencia entre chicos de diez a veinte años que han sufrido el terror de la guerra desde dos vertientes distintas: unos, porque fueron reclutados como niños soldado; otros, porque son o han sido refugiados y víctimas de los primeros. El reportaje, que podéis leer en su integridad en los enlaces de abajo, habla de un equipo del Barça y otro del Real Madrid, de la ilusión que han depositado en la práctica del fútbol, del poder de socialización de este deporte ante situaciones límite y de los escasos recursos con que cuentan para seguir adelante.
El texto acaba con una frase que es la que me ha motivado a escribir este artículo: “Así acaba Caballero, otro madridista en época baja, el mismo que confía en que alguien se apiade de sus niños culés y les envíe esos uniformes, botas, balones y botiquines que tanto necesitan”.
He contactado con el autor del reportaje para ver de qué manera se puede hacer llegar algún material a la remota localidad de Madina, en Sierra Leona. Como comprenderéis, ni soy la Nike ni dirijo un laboratorio farmacéutico, pero sí me gustaría aportar mi granito de arena para que quienes saben de verdad lo que significa la palabra sufrir dejen de hacerlo durante los 90 minutos que dura un partido de fútbol.
No soy nadie para pedir nada, pero si alguien se apunta a la idea y juntos podemos enviar aunque sea un botiquín, que deje su comentario en el blog. Yo voy a hacerlo de todas maneras.

Referencias
Corazones culés en Sierra Leona (parte I – PDF)
Corazones culés en Sierra Leona (parte II – PDF)

Para los que reciban un error en estos enlaces, podéis leer el reportaje aquí.