Leo en ABC que la Audiencia Provincial de Madrid deliberará mañana sobre el recurso que el empresario Juan Miguel Villar Mir, candidato en las últimas elecciones a la presidencia del Real Madrid, presentó contra la decisión de una juez de no recontar el voto por correo hasta establecer si éste es válido o no.

Leído así, en frío, parece todo fácil: cuatro señores se reunirán y decidirán si se acaba con el follón iniciado por el ahora presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, para evitar que se haga el escrutinio del voto por correo. Y pienso: “perfecto, a ver si se aclara todo”. Pero no. Sigo leyendo y escuchando y si hasta ahora todo era surrealista, ahora lo es aún más.
Resulta que mañana se reúne la sala 11 de la Audiencia para resolver el recurso que interpuso Villar Mir cuando Arturo Baldasano pidió la nulidad de TODOS los votos por correo. Pero es que resulta, también, que la sala 9 de la propia Audiencia Provincial de Madrid tendrá que hacer lo propio ante el recurso inicial, en este caso de Calderón, que -según cuenta la cadena COPE- pidió la nulidad de los votos llegados una vez que él presentó los suyos.
Pero no queda ahí la cosa. Cuando parecía que todo podía comenzar a aclararse el próximo lunes, día 29, fecha fijada para que el juzgado de instrucción número 47 de Madrid (el de la ya famosa jueza Milagros) fallara acerca del no menos famoso voto, me entero que los votos están bajo la custodia del juzgado de instrucción número 25 (en este caso, juzgado de lo penal) también por un recurso de Ramón Calderón.
O sea: puede ser que mañana la sala 11 de la A.P. diga que se levanten las medidas cautelares que la juez del 47 impuso al voto por correo y que ésta, a su vez, se vea obligada a hacerlo. Pero también puede ser que, dentro de unos días, la sala 9 salga por peteneras y diga que no, lo cual no sería extraño viendo cómo acostumbra a funcionar la justicia de este país.
Imaginemos, no obstante, que todos reman en la misma dirección y dicen: que se recuente el voto. Y entonces el juzgado 25 de lo penal diga que no, que hay una denuncia por presunto delito (falsificación de votos) y que no se hace nada con esos votos. Surrealista.
La película tiene un reparto de lujo: Ramón Calderón (protagonista e impulsor de la judicialización del proceso electoral, aunque él diga que no), Arturo Baldasano (que retiró su demanda pero sigue ahí, cual mosca cojonera), Villar Mir (que quiere su juguete a toda costa), diez miembros de la magistratura (cuatro por cada una de las dos salas de la Audiencia, la juez del 47 y el juez del 25) y en la sombra, según dicen muchos, Florentino Pérez.
No tengo la más remota idea de cómo acabará todo, aunque me temo que Calderón tiene los días contados como presidente del Madrid.
En cualquier caso, no me extrañaría que aparecieran por ahí más artistas invitados y todo el proceso se asemejara a la famosa escena del camarote de “Una noche en la ópera”, aquella en la que Groucho no dejaba de meter gente en el cuchitril del barco. Cabe más gente, sin duda. Y si no, habrá que actuar como el genio de los Marx cuando, ya atestado el camarote, llaman a la puerta:

– Groucho: ¿Quién es?
– Señorita: La manicura.
– Groucho: Pase, pase…
– Manicura: ¿cómo quiere las uñas, largas o cortas?
– Grucho: Déjelas cortas, que aquí empieza a faltar espacio.

Fotos: canarias7.es / Metro-Goldwyn-Mayer