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La estrepitosa derrota de anoche en el Allianz Arena no ha hecho más que confirmar lo que se venía intuyendo desde hace muchas semanas: que el Barça iba con lo justo. Y no sólo en cuanto a número de jugadores, sino también en preparación física y en reflejos tácticos.

Ahora, a toro pasado, es fácil verlo y regodearse en el monumental repaso del Bayern, destrozarlo todo (cremar-ho tot, que decimos en Catalunya) y disparar a diestro y siniestro. Pero yo no estoy por la labor todavía.

El partido del miércoles hay que jugarlo aún. Es prácticamente imposible ni siquiera soñar en levantar ese resultado, pero sí tenemos que exigir muchas cosas al equipo. Para empezar, que salgan a demostrarle a todo el mundo que el fútbol no se olvida de un día para otro, y que el más que inminente triunfo en la Liga no es una casualidad fruto de la inercia.

Pero, sobre todo, deben demostrarnos a todos que están heridos en su orgullo, que el 4-0 de ayer les ha hecho daño y que, por muy doloroso que sea, son el Barça, un equipo unánimemente reconocido en todo el mundo por el fútbol que lleva practicando desde hace años.

Quiero -no, exijo- once tipos que se coman el césped, que traten de tú a tú al Bayern y que no muestren la apatía -o la impotencia, llámenle como quieran- que nos enseñaron ayer. Exijo un equipo que muerda, que se deje los últimos resquicios de energía en el Camp Nou y que, si finalmente queda eliminado, pueda hacer que todos salgamos con la cabeza bien alta del estadio.

Y quiero -vuelvo a exigir- que una vez ganada la Liga y finalizada la participación en la Liga de Campeones, los que dirigen el club tomen de una santa vez las decisiones adecuadas para regenerar una plantilla añadiendo futbolistas de primer nivel a la indudable calidad de la base actual.

Sí, ya sé que el equipo ha tenido que soportar dos cánceres, infinidad de lesiones, la plaga de la Selección y la dimisión de alguno de sus capitanes. Todo eso es cierto. Tan cierto como que es la hora de poner hilo a la aguja y rehabilitar la plantilla sobre la base del incuestionable -que no inamovible- modelo que caracteriza al club.

Pero antes hay un partido el día 1. Y hay que jugarlo.