Se acabó el miedo, el canguelo, el cagómetro y las demás gilipolleces que se han inventado en los medios de comunicación que se editan en Madrid. Y se acabó (si es que existió algún día) de la mejor forma posible.

Confiaba ciegamente en el equipo de Guardiola, pero ni los más optimistas esperábamos un repaso de tal tamaño. Tal vez sí en el juego, pero desde luego no en el resultado. Este 2-6 es lo más impresionante que he visto en los últimos años. Porque aunque esta temporada ha habido más de una y de dos goleadas, meter seis goles en el Bernabéu no tiene precio.

Para mí, la imagen del partido no ha sido la media docena (¡qué gozada, por otra parte!), sino una repetición a cámara lenta de un regate de Iniesta sin balón a Gago y otro compañero suyo. Mejor dicho: lo mejor no ha sido el regate, sino la cara del argentino, como diciendo “No hay nada que hacer”. El reflejo de la impotencia frente al de la clase, el de una máquina frente a la de una mentira -el Madrid de Juande- que no ha sido capaz de ganar a ninguno de los pocos rivales serios a los que se ha enfrentado. Ni Liverpool, ni Barça ni, si me apuran, Atlético de Madrid.

Ahora voy a disfrutar de la resaca, de las últimas charlas digitales de Roncero y Guasch (¡va por vosotros, toreros!) en As.

Y el miércoles, otra guerra. Los demás, a ver Doctor Mateo.