Me prometí a mí mismo no volver a hablar de la rancia, cansina y absurda campaña del Villarato, la mano negra y esas miserias que llegan desde los medios deportivos que se editan en Madrid. Y voy a ser fiel a mi promesa, pero tengo que contar la última.

Esta mañana, a eso de las nueve, estaba atrapado en un atasco de tráfico y, como no era suficiente sufrimiento, he decidido sintonizar Radio Marca para ver qué lindezas decían Eduardo ‘el Piscinas’ Inda, Roberto ‘comoenCasaLuciodegorra’ Gómez y por Pepe ‘trabajoenBarcelonaperonoesculpamía’ Gutiérrez. No me había reído tanto en mucho tiempo.

El Piscinas aseguraba que el gol de Pedro era fuera de juego -si él lo ve así, hace bien en decirlo- y que lo había dicho toda la prensa por unanimidad. Cuando Juan Manuel Gozalo (aka Kubalita) le ha comentado que una televisión (Cuatro, añado yo) ha dicho que no era fuera de juego -o sea, que no había tal unanimidad-, a Eduardo ‘el Piscinas’ Inda le ha faltado tiempo para decir a voz en grito que esa televisión había manipulado las imágenes, porque la verdad era suya y sólo suya. Su verdad son hechos objetivos (como dar por buena esa ‘otra liga’ que el tal Josevi, el que se revuelca en su charca de ahí abajo, se trabaja cada lunes). Y si no, me llevo la pelota y aquí no juega ni Cristiano.

Un servidor, que ha recibido alguna crítica por hablar de ‘la prensa de Madrid’, ve que la prensa de Madrid empieza no sabe a qué atenerse. Ahora se atizan entre sí, aunque no sé bien con qué intención. Que se den, pero que lo hagan de verdad.

Mientras tanto, en As, un forofo al que le gusta emplear adjetivos con cierta elegancia y que presuntamente dirige el periódico, sufre del mismo mal que afecta a los aficionados madridistas: no aceptan que, desde hace ya algún tiempo, están por detrás. Ese mal perder -incluso que el Barça juegue en Tenerife en plena ola de frío peninsular es Villarato- ha hecho que Relaño chochee, se contradiga e insista en soltar una memez tras otra. Bastaría con que echara una mirada al retrovisor y leyera lo que él mismo escribió allá por enero de 2002. Sólo con que cambiara algunos nombres propios se le caería la cara de vergüenza. Si es que le queda alguna…

Ya saben la letanía: los árbitros son del Madrid (aunque pasara lo de Tenerife), los comités son del Madrid (aunque haya pasado lo de Rivaldo y Romero), el bombo es del Madrid (aunque el Figueres le toque al Depor), Aznar es del Madrid, el Rey es del Madrid… Tremendo. Incluso Zidane es del Madrid. Llegados a ese punto, encima el Madrid tiene aliados en las instancias que deberían combatirle. Para un día que no gana, Barça y Valencia pierden, y convierten el empate de Málaga en un resultado apañadito. Estamos ante un complot de tan amplio espectro como el que acabó con la vida de JFK.

Decía ayer que al Madrid le trastornó un poco el follón de la semana. Algunos de sus jugadores salieron demasiado bravos y otros demasiado apagados. Todos distraídos. Pero, de otra manera, el lío también ha afectado al Barça y el Valencia, los clubes desde cuyo entorno más voces indignadas se elevaron. Y es que no hay como la coartada victimista para desactivar a un equipo. El fútbol es difícil. Es duro, es cansado, cuesta no desfallecer. Déle excusas a un jugador o a un equipo y aflojará. Al Barça y al Valencia les han dado excusas y han aflojado.

En realidad, eso de la coartada victimista es lo que ha reducido el papel histórico del Barça a su dimensión real: una Copa de Europa frente a ocho. El camino bueno es ignorar las injusticias del azar (una de cuyas formas es el arbitraje) y poner uno de su cuenta los mejores medios. El camino malo es repetirse como una letanía que al rival se le conceden favores y que juega con ventaja, porque eso equivale, justamente, a darse por vencido. Véase: el Barça mató su racha en Vallecas. El Valencia salió pitado por su afición. Y ahora están más lejos del Madrid que el sábado.

Todo es cuestión de perspectiva. Caballera, isométrica… Perspectiva al fin y al cabo. Como la que desconocen los hábiles trazadores de líneas de fuera de juego que pueblan nuestras televisiones.