Escribe hoy Fabián Ortiz en As que “podría decirse, antes que nada, que la corrección a la hora de preguntar está reñida con la práctica misma de la labor periodística“. No sé en qué curiosa universidad cursó sus estudios de periodismo, pero desde luego no creo que ninguna facultad instruya a sus futuros periodistas para que formulen sus preguntas de un modo incorrecto.
Pero lo peor es que el propio Ortiz (que se toma la licencia de llamar Borraldinho a Ronaldinho) no aprende de sus propios errores.
Hace unos años, con motivo de una eliminatoria de Liga de Campeones entre Barça y Chelsea, Ortiz preguntó a Mourinho con su peculiar sentido de la corrección si “se imaginaba que iba a llegar tan lejos cuando era traductor -con un retintín peyorativo, añado yo- de Robson“. El portugués, que no es santo de mi devoción, no se cortó un pelo y le dijo, más o menos, que “La gente progresa y evoluciona. Tú estás donde estabas hace diez años“. Son los riesgos de creerse en posesión de la verdad absoluta, los riesgos de publicar bazofia al dictado de lo que marca la línea editorial del periódico y los riesgos, en definitiva, de recibir un crochet donde más duele si se pregunta sin la corrección necesaria a alguien que no te teme.

La lección de deontología profesional fabianortiziana, aquí.