La salud del periodismo deportivo español está por los suelos. Hoy en día, parece que vende mucho más un personaje que un profesional, un intoxicador que un periodista riguroso, un telepayaso que un reportero serio. Nos guste o no, y salvo excepciones, es lo que hay en este gremio nuestro.

Por eso duele mucho cuando alguna de esas excepciones no sólo carece del reconocimiento que merece, sino que además recibe “hondonadas de hostias” (que diría Manuel Manquiña en Air Bag) por parte de un entrenador que tiene más de bluff que de divo llamado Arsène Wenger, y de un niño millonario sin personalidad que atiende al nombre de Cesc Fàbregas. Un Cesc que, o no recuerda lo que dice cuando habla o, simplemente, le entra amnesia producida por un extraño “canguelo”, un pánico cerval a lo que pueda decir el tipo que se lo llevó de Barcelona para jugar en un equipo en el que ha ganado el mismo número de títulos que el Espanyol.

Estoy hablando de la entrevista que publicó Don Balón al capitán del Arsenal, un trabajo de Roger Xuriach en el que participó también César Sánchez y el que el jugador catalán cuestionaba claramente la filosofía del Arsenal:

“Pero a partir de 2007 yo ya empecé a decir aquello de ”no ganamos pero jugamos muy bien”. Y después te das cuenta que no sirve. Disfrutas, durante una fase del campeonato, como este año, por ejemplo, cuando estábamos en cuatro competiciones distintas. Y dices: ¡si aquí lo tengo todo! Pero luego falta ese punto final y es aquí donde se tiene que tomar una decisión: O ir a ganar o a formar jugadores”.

La frase es clara, pero el entrenador alsaciano del Arsenal montó en cólera acusando a los periodistas de tergiversar sus palabras, puesto que -siempre según Wenger- “Cesc dijo exactamente lo contrario”.

Como dice el refrán, “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Y se ha demostrado una vez más que Wenger miente más que habla.

Durante unas horas, la revista Don Balón colgó en su página web un artículo titulado “Don Balón no manipula, Sr. Wenger” en el que, además de explicar sus razones, ponían a disposición de quien lo deseara un enlace para descargar el audio completo de la entrevista, donde se puede comprobar que los redactores de Don Balón transcribieron fielmente lo que dijo Fàbregas.

No sé por qué, ni el citado artículo ni el audio están disponibles hoy en el sitio web de Don Balón. No quiero pensar que se trate de una bajada de pantalones de la dirección de la revista, pero tiene toda la pinta. En cualquier caso, si alguien tiene el audio y me lo envía a depenalty@terra.es, lo colgaré aquí para que todos lo escuchen.

Si la praxis periodística ha sido absolutamente correcta, no hay motivos para borrar nada, como tampoco los hay para dejar con el culo al aire a dos profesionales que han hecho su trabajo y lo han hecho, además, muy bien.

El único patrimonio que tenemos los periodistas es la credibilidad. Sin eso, nos convertimos en Roberto Gómez, Tomás Roncero o José Luis Carazo. Y estaría muy bien que de vez en cuando, aunque sea para variar, quienes mandan en los medios tuvieran la dignidad suficiente como para no cercenar ese activo, ese intangible que hace que alguien nos lea/mire/escuche y crea lo que le contamos.

Cesc Fàbregas
La figura de Cesc Fàbregas, que parece hasta ahora libre de todo mal en este asunto, tiene también su cuota de responsabilidad. A través de su cuenta de Twitter dijo que le parecía “increíble que la gente le dé la vuelta a todo para hacer titulares y que Arsene Wenger ha tenido una gran influencia en mí y en mi carrera”.

Es decir, que se lavó las manos para quedar bien ante sus seguidores británicos, no vaya a ser que papá Wenger se enfade. Afortunadamente, en la prensa de las Islas Británicas hay algo más que sensacionalismo, y The Independent publicó en su web no sólo que Don Balón se reafirmaba en el contenido correcto de la entrevista, sino que su corresponsal -Pete Jenson- había escuchado el audio y corroboraba la fidelidad de lo escrito por Roger Xuriach.

Siempre he sido de los que ha apostado por el fichaje de Cesc Fàbregas por el Barça. Mis razones han sido siempre futbolísticas, pero si resulta que lo que tiene que venir es un jugador que no tiene siquiera el carácter para asumir sus declaraciones, será mejor que se quede en Londres.

Acabo. Y lo hago felicitando a Roger y a César por haber conseguido no sólo que Cesc diga lo que muchos pensamos sobre ese equipo que juega tan bien como pierde, sino por dejarnos claro que a Wenger le ha devorado su propio personaje. PEro, sobre todo, acabo felicitándoles por haber sido periodistas. Una vez más.

Foto: Reuters