En apenas dos meses, un aluvión de nombres propios ha poblado el universo blaugrana y ha hecho que empecemos la temporada con los músculos listos y en tensión.

Rosell, Cesc, Laporta, Villa, Ibrahimović, Zubizarreta, Guardiola, Adriano, Bartomeu, Mascherano, el pizzero Raiola, Messi… Y seguro que me dejo alguno en el tintero.

Todos ellos, de un modo u otro, nos han procurado el necesario circo del que nos priva la cuaresma post-mundial a quienes consideramos que el verdadero fútbol, el que de verdad mueve pasiones, es el de clubes.

Empezamos con un título más (la Supercopa de España) y con una contundente victoria la Liga que nos deja entrever que el equipo sigue con hambre de victoria y jugando como sabe.
Y si, además, el gran rival está -como cada año- en construcción, la confianza (que no autocomplacencia) está jusificada, aunque todos sepamos que el Madrid de Mourinho (¿cuándo dejó de ser el Madrid de Florentino Pérez?) estará en las trincheras durante toda la temporada.

Ahora vienen quince días de un parón que tiene cierto sabor a coitus interruptus, a bajón que no por sabido deja de ser molesto. Casi tanto como los dimes y diretes acerca de la renovación de Guardiola o lo que envuelve a la salida de Ibrahimović hacia Milán.

Ya habrá tiempo de tocar esos temas a medida que sepamos hechos y no rumores. De momento, retomo el blog con el propósito de dedicarle la constancia que merece y que nunca le concedo. A ver hasta dónde soy capaz de llegar.