He tenido la suerte de ver dos partidos de fútbol en Inglaterra. El primero fue en Anfield, un Liverpool-Barça de la Copa de la UEFA que se resolvió con un penalty tonto cometido por Kluivert y transformado por Gary McCallister. El segundo partido que he podido ver en vivo ha sido el Chelsea-Barça del pasado miércoles en Stamford Bridge.
Más allá del resultado (uno favorable a mi equipo y otro no), he podido comprobar la gran diferencia con que la afición de los reds y la de los blues viven los partidos. Anfield era una fiesta desde una hora antes del inicio del partido, lo fue durante el transcurso del juego y siguió siéndolo después. Cánticos y más cánticos, buen rollo entre los supporters y los mil y pico culés que fuimos a la ciudad de los Beatles… un ambiente de fútbol con mayúsculas. Por contra, Stamford Bridge era otra cosa. Un público menos animoso, más ‘señorito’ y unos cánticos, digamos, algo peculiares.
Quien más quien menos ha escuchado alguna vez cómo 40.000 almas entonan en Anfield (o en el Celtic Park de Glasgow) el famoso “You’ll never walk alone”, y cómo silencian la megafonía con el sonido de sus gargantas. Es algo, puedo asegurarlo, que pone la piel de gallina. En el campo del Chelsea, la gente cantaba algo que a mi, francamente, me recordaba “Los Pajaritos”, el famoso hit de María Jesús y su acordeón. No sé si era su himno o simplemente otra canción, pero era, sin duda, poco glamouroso y menos apropiado para un espectáculo como el fútbol.
¿Cuál es la razón de esa diferencia? No lo tengo muy claro, aunque se me ocurre que uno, el Liverpool, cuenta con una larga tradición de títulos y nombres míticos (Shankley, Dalglish, Rush y muchos otros que dejo en el tintero), mientras que el otro, el club de Abramovich, ha dejado de ser en una medianía justo ahora, cuando acaba de celebrar su primer centenario de vida.
En cualquier caso, creo que todo aficionado al fútbol debe ver, al menos una vez en su vida, un Barça-Madrid, un partido en Inglaterra y un súper-clásico Boca-River en la Bombonera. A mi sólo me queda esto último.