Como me temía, el asunto Eto’o se ha ido tiñendo de un tufo lamentable y pestilente. O, mejor dicho, lo han teñido. En el post de ayer hacía un recorrido por los periódicos y me congratulaba de la clara condena a los insultos racistas a Samuel Eto’o. Sin embargo, ayer comprobé que en algunas emisoras de radio se ha optado por juzgar escandalosamente a la víctima, desviando la atención sobre el verdadero problema.
Después de decir ¡faltaría más! que los insultos racistas están mal, tuve la ocasión de escuchar -zapping mediante- más o menos lo siguiente:
– Onda Cero: Javier Ares sostenía que Eto’o se había equivocado y que lo que le decían no eran insultos racistas, porque decir que somos un país racista sería como decir que somos violadores o asesinos porque también existen. Enrique Marqués calificaba la acción de Eto’o de “payasada”, añadiendo después que “ojo, que no digo que Eto’o sea un payaso”. El único que intentaba no desviar el verdadero problema y justificaba -o al menos comprendía- al camerunés era Xavi Torres.
– COPE: Más de lo mismo. Aquí todos criticaban, desde Abellán a Walter García, pasando por Rafa Martín Vázquez. En este caso, además, la preocupación era la imagen racista que se daría de España cuando el mundo viera la secuencia. ¿Imagen? ¿Qué imagen? ¿La de un seleccionador refiriéndose a un jugador como “negro de mierda” sin que sea destituido en el acto? ¿La de un entrenador diciendo que “sólo escupen los que bajan del árbol” si que le ocurra nada? ¿La de una administración incapaz de poner freno a este tipo de cosas? ¿La de diversos campos haciendo los famosos gritos a los rivales negros? Fuera de España verán la imagen que, lamentablemente, nos trabajamos a conciencia.
– SER: Cada vez tengo menos simpatías por De la Morena, pero en este caso me quito el sombrero ante su posición en el asunto. Lo mismo que hago ante Segurola.
En relación a esto, ayer eché en falta la opinión de Alfredo Relaño respecto a lo ocurrido en Zaragoza. Debo reconocer que, pese a su fijación con el Villarato y los favores arbitrales al Barça, hoy ha dado en el clavo. Su artículo, titulado “Eto’o y su firme gesto de dignidad”, no tiene desperdicio y es un ejemplo que ilustra no sólo cómo hay que actuar en estos casos, sino también la diferencia entre el insulto racista y otros improperios que, igual de condenables, se dan cada domingo en los campos de fútbol.