Debo reconocer que la última vez que disfruté con la selección española de fútbol fue en el mundial de México, en 1986. De las fases finales de Italia´90 y Francia´98, mejor ni acordarse y de Estados Unidos, aunque se dio una mejor imagen, ocurrió lo de siempre. En la época de Clemente, las fases de clasificación se hacían largas, interminables e insufribles. Una vez en el campeonato, se empezaba mal pero, curiosamente, el equipo era eliminado cuando mejor jugaba. Después del chasco de Corea y Japón, llega la etapa de Luis Aragonés. No sé qué esperar del equipo, excepto que deseo que juegue mejor y no meta tanto la pata como el seleccionador cada vez que abre la boca. Se ha renovado y rejuvenecido el bloque, pero quizás -y lo digo antes de saber qué ocurrirá en Alemania- habría que hacer lo mismo con el entrenador y poner, parafraseando a Florentino Pérez, a alguien con un “librillo más moderno”. Veremos que pasa hoy frente a Shevchenko y los suyos.

Foto: efe