En un día gris y lluvioso en Barcelona, el Barça se ha tomado un chupito de autoestima gracias a un gol de Xavi en los últimos minutos del partido contra Osasuna.
He llegado al Camp Nou con el tiempo justo tras haberme metido entre pecho y espalda una ‘calçotada’ en la pintoresca localidad (y nunca pensé que tan remota) de Salomó. Suerte que sólo tengo que subir una docena de escalones hasta llegar a mi asiento del Gol Sur, porque de lo contrario…
Lluvia en la AP7, nubes negras al aproximarme a Barcelona y un cielo medianamente despejado que parecía dejar entrever una tarde-noche plácida para el Barça. ¡Qué equivocado estaba! Como el día del Vila-real, buena primera parte y poco acierto; aburrida segunda parte e idéntico acierto.
Sin embargo, algo ha ocurrido en el Estadio. Una señal en forma de diluvio universal de apenas cinco minutos de duración (del que han huido no pocos cobardes de sus butacas) y que ha servido para despertar al equipo y al público en los compases finales. Lluvia reparadora. Lluvia purificadora. Lluvia de gritos de euforia que hacen que el Barça vuelva a tener oportunidades de luchar por el campeonato.
No ha sido un partido para recordar, pero tal vez sí debamos acordarnos del gol de Xavi como hoy nos acordamos de la llegada de Edgard Davids, del gol de Bakero en Kaiserslautern o de otros brillantes momentos puntuales.
Me gusta ganar jugando bien, pero por el momento lo imprescindible es ganar. Mientras tanto, sigamos remando.