El 0-1 de ayer en el Camp Nou ha sido para mí lo que la aparición de la zarza inconsumible fue para Moisés: me sirvió para abrir los ojos.

Durante muchas semanas he confiado en la recuperación de Ronaldinho. Así lo he manifestado tanto en este blog como en mis comentarios en otras bitácoras, donde he batallado ante las duras -y en algunas ocasiones exageradas, reconocedlo- críticas de otros culés. Pero ayer vi la luz y me topé de bruces con la dura realidad: el equipo debe sobrevivir sin el brasileño.
Pese a los síntomas que se vivieron a lo largo de la semana, Rijkaard apostó ayer por Ronaldinho y le incluyó en el once titular. Y creo que lo hizo para evaluar la respuesta del 10, para ponerle un examen y dejarle claro al brasileño y a todo el mundo, partidarios y detractores, que su camino por el resto de la temporada pasaba por su papel en el clásico. Y Ronaldinho falló (no fue el único, por cierto): lo intentó, desbordó en un par de ocasiones, se dio por vencido y me convenció de que se le acabó el crédito.

No me doy por vencido

Dicho esto, yo no doy por perdida la Liga. Aunque veo sólido al Madrid, creo que hay tiempo para reaccionar y para seguir luchando por el campeonato. Para ello, bastará con que Rijkaard sea coherente y apueste por aquellos jugadores que están en mejor forma: si Gudjohnsen o Bojan pueden aportar más que Ronaldinho o Xavi, al holandés no debe temblarle la mano. Porque, y en eso no ha cambiado mi punto de vista, debe ser Rijkaard quien comande la nave blaugrana hasta final de temporada.

Foto: depenalty.es