Acojonado estoy. No se imaginan mis colegas de profesión -sobre todo los que llevan años ganando ‘la Décima’- el miedo que tengo.

No duermo por las noches y, cuando consigo hacerlo, tengo pesadillas. De puro canguelo, supongo. Tengo miedo y no puedo evitarlo. Debe ser porque el dogmático argumento que llega desde lo medios de comunicación capitalinos está en lo cierto y yo, ingenuo de mí, confío más en la herejía que puede suponer eliminar al Chelsea y salir del Bernabéu más líder que nunca.

Aun así, me cago por la pata abajo. No puedo remediarlo. Debe ser el cagómetro famoso. El que inventó el esperpento de Hugo Gatti (que se llevó 9 golitos en un Gamper con Boca Jr.) y reforzaron esos señores apellidados Guasch, Roncero y compañía y que se ve aliñado, cuando desaparece, por el Villarato de su director. O tal vez sea el canguelo del inepto de Eduardo Inda (¿qué hará cuando salga de Marca con un cohete en el culo y no tenga más piscinas ilegales que defender?) y del tal Josevi.

No lo sé. En cualquier caso, estoy aterrado, sí. Pero del lamentable y paupérrimo nivel de la prensa deportiva.