Me sabe mal por la cantidad de gente de Madrid ilusionada en los Juegos de 2016. Yo viví los de Barcelona en primera persona y es algo único, inenarrable, singular, irrepetible y todos los adjetivos que se os puedan ocurrir.

Pero no pasa nada. Mañana estará todo olvidado y -como a rey muerto, rey puesto- ya habrá quien se ocupe de recordarnos que la vida sigue y que el domingo jugará Cristiano.

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