Hoy he estado en el Camp Nou dando de alta a Laia como socia (tiene el número 170.715, dicho sea de paso). Mientras hacía cola en la Oficina d’Atenció al Barcelonista ha aparecido por allí Julio Alberto, uno de los miembros de aquel mítico equipo de Venables que ganó 0-3 en el Bernabéu y nos hizo llorar a muchos un año después en la final de Sevilla.

Le he visto mayor, muy mayor. Imagino que su trayectoria vital después de dejar el fútbol (ya no menciono sus pinitos como cantante) y su drogadicción han castigado mucho el rostro de alguien que no debe ser más que ocho o diez años mayor que yo. Sin embargo, aún mantiene una figura estilizada -nada que ver con Camacho, por ejemplo- y un cierto porte elegante. Supongo que las toxicomanías pasaron a mejor vida.

Cuando le he visto me ha acordado de inmediato de aquel gol a la Juventus en los cuartos de final de la Copa de Europa 1985/86. Le he visto de nuevo, 22 años después, correr hacia la banda como un poseso agitando los brazos y ciego de euforia. Y rápidamente me ha venido a la mente eso que tantas veces hemos dicho aquí y en otros blogs: la ausencia de un líder en el campo en el Barça de hoy.

Julio Alberto no era un crack, sino un tipo que suplía sus carencias técnicas con lo que todo el mundo llama ahora ‘testiculina’ y que no es otra cosa que un par de huevos bien puestos. Rascaba a los delanteros, subía la banda (¿te das cuén, Abidal?) y sobre todo contagiaba carácter. No era el único. En aquel equipo estaban también Urruti (t’estimo) o Migueli, pero cuando me preguntan cuál fue para mí el primer lateral izquierdo ‘moderno’ que tuvimos, me viene a la memoria el nombre del asturiano. A ver si aparece pronto alguien que recoja el testigo.