Acabo de leer un artículo del periodista y sociólogo Fabricio Caivano en El Periódico de Catalunya titulado “Cara al gol”. Me ha sorprendido el tono, pero coincido en algunos aspectos con él y me gustaría saber qué opinan quienes seguís visitando (gracias por hacerlo pese a la escasa actualización, consecuencia de la acumulación de trabajo preveraniego) este blog. Aquí está la transcrIpción íntegra.
CARA AL GOL
Me gusta el fútbol, seleccionar algún partido. Pero me repugna lo que rodea, fuera del césped y del juego limpio, este bochornoso circo global-nacional del Mundial. La repetida escena de hombres y mujeres, estas las menos, pintarrajeados, igualitos, envueltos en sus veneradas banderas. Jóvenes de tripa cervecera, dando saltos simiescos y coreando ingeniosas rimas. Adolescentes exudando un rancio orgullo patriotero, fascistón. Niños apenas que ya aprenden a reducir el lenguaje a un par de registros guturales y a convertir el legítimo entusiasmo en una algarada mística. Y llegarán las nuevas selecciones nacionales, que copiarán -otra bandera, los mismos modos- ese ultranacionalismo pelotero. El mayor ritual de transición hacia la barbarie. ¿Serán reeducables? Masas de fascistones enfurecidos, pelados al rape, en la calle buscando pelea con otras bandas de descerebrados. El alcohol como perfume varonil. Sin generalizar: claro que no todos son de esta calaña, por supuesto. Pero sí los suficientes para la náusea. Basta asomarse a la tele, ese balcón con vistas al mundo, para sufrir el acoso del gran alarido universal: un ¡goooooool! pulmonar, hinchado con tantas vocales como espectadores. Cada partido, un paso hacia la inmortalidad; cada tanto, un hito en la historia. Esto es la guerra. ¡A por ellos, oé! Es inútil tratar de huir. No hay territorio libre de ese inquietante nacionalgolismo prefascistoide, esa concelebración mundial de la mala educación y la ordinariez. Me gustaba el fútbol. Pero hoy estoy considerando seriamente pasarme al pimpón.