El texto que viene a continuación no es mío. Es una colaboración que mi amigo @shojancroif ha querido regalarme. Para mí es un regalo doble: me permite actualizar el blog y, por otra parte, compartir la prosa de este personaje que, lamentablemente, se prodiga poco. Eso sí: cuando lo ha hecho, ha sido en el blog de Rubén Uría, nada menos.
Que lo disfrutéis.

Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas” (Mark Twain)

Si la semana pasada las quejas iban en torno a lo que cabía interpretar del mensaje de Pep, esta semana Pep sí se ha pronunciado. Pero a mi Pep no me la cola. Primero porque es humano, pese a que al lado de tanto capullo parezca divino. Como escribió Le Carré en La Casa Rusia, “en estos tiempos se necesita pensar como un héroe para comportarse como un ser humano decente“.

Pep, como persona que es, ya se ha quejado anteriormente de los árbitros. Y también se elevó sobre la sala de prensa retando al “puto amo” a disparar con fuego real. Y ya sabemos cómo acabó aquello. Lo que tarda en soltarse el pelo entre un aldabonazo y otro es lo que verdaderamente le provoca alopecia a Pep. Y ese es el tributo que paga por no estar convenientemente respaldado por la directiva. Lo que le provoca que se rasque la frente aumentando la pérdida de cabello.

Por tanto, resulta cansino, sí. Pero no sólo lo de la renovación del contrato de Pep, sino lo de la renovación del contrato arbitral con el Real Madrid. A pesar de que Pep (e Iniesta) se hayan desmarcado de la línea argumental que se venía “interpretando” y que apuntaba a la excusa de las ayudas arbitrales al Madrid, queda claro que el que no llora, no mama.

Y es cierto, sí, que la excusa debilita. Pero debilita a la larga, porque a nadie escapa que a corto plazo, el Real Madrid, ha obtenido buen rédito de sus innumerables quejas contra el estamento arbitral. Debe ser que los 500 millones invertidos y que deberían verse por algún lado, según le escuché el otro día decir a Pipi Estrada, no son suficientes “per se” para tumbar al Barça.

La conclusión evidente de todo ello es que a Florentino, que buscaba la inmediatez en el éxito para compensar el desembolso, poco parecen haberle debilitado tantas excusas. Sería “cansino” recuperar el vasto argumentario de dopajes, arbitrajes, piscinazos y títulos ganados que a Mou le hubiera dado vergüenza ganar. De haberla tenido (la piscina).

Y también, señorías, hemos de concluir, que desde que se comenzó a oir el fado del Villarato por las tabernas cavernas,  apoyado por un altavoz potente y un entrenador potente, al que se ha unido una coral no menos potente de personas que son (cada vez más) humanas dependiendo de quién pise a quién, lo que se ha debilitado es el semblante de Pep, y no el rostro de Pérez que luce resplandeciente.

Es pues, merced al elixir de la excusa que se ha producido el “alzamiento” y ya, cautivo y desarmado el ejército culé, queda restituída la “normalidad”. La tranquilidad es absoluta.

Ahora bien, una cosa es que el Madrid pacte con el diablo y otra muy distinta, que el Barça en vista de ello, decida quemarlo todo. Hasta el punto de buscar rejuvenecimiento por cualquier vía, incluso a lo bonzo.

Por eso, teniendo en cuenta lo anterior, cuando Pep dice que si fuera por su relación con la directiva, “ya habría renovado hace muchos días“, ya no cabe interpretar. Lo sabemos igual que cuando dice que “si no somos primeros no es por culpa de los árbitros” cuando días atrás decía que “No hemos hecho tan mal las cosas para estar a diez puntos“.

No cola.