De vez en cuando es bueno poner al menos un pie en el suelo. El empate de ayer frente al Getafe debe servirnos para rebajar un poco el nivel de euforia y no creernos el ombligo del mundo.

El Camp Nou vivió ayer una experiencia agridulce. Por un lado, dejamos escapar dos puntos que nos habrían permitido afrontar los cuatro próximos partidos con una tranquilidad enorme; por otro, el equipo dejó patente que cuando no funcionan las cosas (ausencias, buen planteamiento del Getafe, rotaciones…) al menos sabe luchar hasta el último minuto y no hace que el público caiga en la desesperación de las últimas dos temporadas. El aplauso de la grada al finalizar el encuentro es una buena muestra de ello.

Sobre Messi
La latente esquizofrenia del entorno ha hecho que pasemos de ser el mejor equipo del mundo a depender de la presencia de Messi sobre el terreno de juego. Eso ya no me sorprende, pero tengo claro que Guardiola hizo bien al reservar al argentino para el partido de Lisboa. El choque contra el Sporting es mucho más importante, muchísimo, que el partido de ayer. Ganando -o empatando- en la capital portuguesa nos aseguraríamos disputar el partido de vuelta de la eliminatoria de octavos de final en el Camp Nou, lo que es una garantía de éxito, salvo debacle en la ida.

Si me apuran, incluso prefiero que Messi juegue en Lisboa y descanse frente al Sevilla, donde sí o sí debe estar Rafa Márquez. Desde ya, firmo que el 10 del Barça juegue el miércoles y esté a punto para los dos próximos encuentros en el Camp Nou frente a Valencia y Real Madrid.

Y otro apunte: no se le ha hecho demasiado caso, pero el partidazo y el despliegue físico de Dani Alves ayer fue espectacular. Si hubiese estado el año pasado, probablemente estaría fundido a estas alturas de la temporada. Hay que ver cómo cambia el cuento…