¡Qué mala leche gasta Laporta cuando quiere! La última muestra de ello la tuvimos el pasado martes cuando, en el transcurso del juicio por el caso Raúl Baena, el presidente del Barça se despidió del futbolista diciéndole precisamente eso: “Que tengas suerte, chaval”.

Para quien no sepa de qué va la historia, Raúl Baena es un futbolista de 19 años que la pasada temporada abonó 30.000 euros en concepto de rescisión (que no ‘rescinsión’, como he visto escrito en algunos medios) de contrato para fichar por el Espanyol. El Barça demandó al chico por un montante de 3 millones de euros y en estos días se está celebrando la vista.

El caso es realmente escandaloso: Baena cobraba 190 euros al mes y tenía, al parecer, un plus de 300 euros para que sus padres pudiesen visitarle desde Málaga y alojarse en Barcelona.

La demanda del Barça es a todas luces abusiva, pero supongo que se enmarca dentro de la guerra de canteras entre Barça y Espanyol y de los robos que ambos equipos barceloneses se han hecho en los últimos años. Las relaciones entre ambas directivas están a la altura de los dos presidentes -por los suelos- desde el famoso caso Saviola (gran fichaje del Madrid, por cierto, aunque ese es otro tema), pero no creo que esto deba traducirse en peticiones exageradas y demandas judiciales a chavales como el torroxeño.

Por eso, ignoro si el ‘que tengas suerte, chaval’ de Laporta era sincero o no. No sé si le deseaba suerte en el juicio (lo dudo) o si se cachondeaba por salir de un grande donde no tendría apenas oportunidades para jugar en un equipo menor (con todos los respetos) donde probablemente -y si atesora calidad- sí pueda llegar arriba. Me inclino a pensar más en lo segundo porque a los ojos de un culé, pasar del Barça al Espanyol es dar un salto hacia atrás.

Que sea lo que tenga que ser, que Baena juegue donde quiera y, sobre todo, que no le den la puñalada trapera de tener que pagar 3 millones de euros cuando cobraba sólo 1.200 al año. Eso sí: si el juez falla a favor del Barça, espero que quienes desde ‘el otro equipo de la ciudad’ (que diría el de las conservas) le echen un capote con las mismas ganas con que fueron a buscarle a La Masía.