Menuda diferencia entre el primer parón de la Liga (derrota 1-0 en Soria) y éste, ¿verdad? Pues, pese a lo que pueda parecer, sólo han pasado cinco jornadas entre uno y otro. Cinco jornadas y seis victorias seguidas que han hecho que, poco a poco, algunos indecisos opten por dar un margen de confianza a Guardiola.

Yo se lo di desde el primer momento, aunque debo reconocer que no hace mucho tenía la mosca tras la oreja y que viendo el Shakhtar-Barça de la semana pasada, estuvo a punto de acabarse mi paciencia. Ahora estamos ante dos semanitas en las que se hablará de lo bueno que es Messi (antes ya comenzaban a llamarle chupón), del buen rollo que hay en el vestuario (de golpe y porrazo han desaparecido las bombas de relojería) y de lo mucho que trabajan los jugadores en los entrenamientos, no como antes, cuando poco menos que corría el alcohol de taquilla en taquilla. Es algo recurrente y con lo que -me temo- estamos obligados a tragar. Sólo espero que la cosa siga funcionando, porque de lo contrario volveremos a tener una muestra clara del veletismo de un entorno que tan pronto ve gigantes como molinos de viento.

Eso sí: por ahora, que nos quiten lo ‘bailao’.