Sandro (aka Sandruscu, aka Alexandre) Rosell es el ganador del primer asalto a la presidencia del F.C. Barcelona. Ayer presentó más de 13.000 adhesiones de socios del Barça, más que los otros tres precandidatos que pasaron el corte. Su trabajo ha sido perfectanente diseñado y ejecutado y, según leo en el blog de Àlex Santos, gran parte de su éxito radica en hacerse trabajado como nadie el sórdido (el calificativo lo pongo yo, no Santos) mundo de las peñas. Chapeau para Rosell.

Sin embargo, un tipo con el que nadie -o casi nadie- contaba ha logrado superar las firmas necesarias (a falta del recuento que se está haciendo ahora mismo) y se ha colado en la fiesta de forma inesperada. Hablo de Agustí Benedito.

Benedito -no sé si porque habla con la seguridad de quien se sabe no ganador o porque es realmente así- es el único candidato que ha hablado sin pelos en la lengua. No ha ocultado su pasado como fundador del Elefant Blau (al contrario),  y ha abordado sin tapujos cualquier cuestión que le han planteado los medios de comunicación. Unos medios, dicho sea de paso, que tendrán que dedicarle algo más de tiempo como alternativa a los otros tres candidatos.

Ingla es un tipo gris, sin carisma y que parece presentarse -dicho sea con todos los respetos- contra su voluntad. Ferrer es, directamente, un hombre de paja. Un tipo que fue espiado, amenazado por Laporta por anunciar su intención de ser presidente del Barça sin consultarle y que está dejando que el aún presidente le coma la tostada, que diría un castizo. LA campaña de Ferrer la está haciendo Laporta, y no es ningún favor para el teórico Delfín.
Dicho esto, soy de los que piensa que Ingla y Ferrer acabarán uniéndose para, entre los dos, conseguir ser menos que un candidato.

¿Y Rosell?
Rosell tiene un mérito enorme que deberá repartir entre el famoso entorno. Nunca nadie había recibido tamaña cantidad de adulaciones, loas y piropos sin decir una sola palabra de su proyecto hasta hace apenas unas semanas. Han sido cinco años de beatificación constante -tanto en Barcelona como, y eso preocupa aún más, en Madrid- de alguien por el mero hecho de ser el silencioso -y a mi entender gris y sin carisma- antagonista de un Laporta que, con el tiempo, acabó por perder el norte.

Nadie, ni el mismo Rosell, puede hacer nada más para ganar las elecciones. Pero deberá ir con cuidado porque sí puede hacer mucho para perderlas, empezando por hacer evidente su falta de tablas y su inseguridad en algo tan importante para los socios como los debates televisivos, un campo de batalla (el de la comunicación) donde quien menos firmas ha logrado es quien mejor se desenvuelve.

Las encuestas que manejan los diversos candidatos dicen que la intención de voto a Rosell ha pasado de algo más del 70% a poco más del 40% en unas semanas. Evidentemente, con ese porcentaje de votos arrasaría en los comicios, pero si esa tendencia a la baja se confirma en los diez días que quedan hasta el 13-J, habrá partido.

Ahora quedan cuatro pero, como en la película, sólo puede quedar uno.