pep-tito

La rueda de prensa de Zubizarreta y Tito Vilanova de hoy ha escenificado, aún más, la división que hay dentro del barcelonismo. División que no es nueva, pero que sí ha tomado un aire diferente.

La pasada semana, Guardiola acusó a los dirigentes del Barça -no al club, como se ha querido transmitir en algún medio- de, entre otras cosas, utilizar la enfermedad de Tito Vilanova para hacerle daño a través de filtraciones interesadas. Hoy, el entrenador del Barça ha echado mano de la misma para dejar patentes las actuales diferencias entre ambos.

Pep Guardiola aludió al uso -yo lo llamaría más bien manipulación- que algunos periodistas hicieron no hace demasiado tiempo de la estancia de Tito en Nueva York para recibir tratamiento del cáncer que padeció. Primero no se habían visto (pese a que otras informaciones dentro incluso del mismo medio decían lo contrario), luego se vieron por espacio de quince minutos… En el fondo, si se vieron o no sólo lo saben ellos. Si se hablan o dejan de hacerlo, también. Y creo que entre todos -y yo el primero- deberíamos dejar de darle vueltas a un asunto al que Guardiola se ha referido en una única ocasión y en el que Tito no quiere ahondar más, aunque hoy lo haya hecho con artillería pesada.

En cualquier caso, hay algo que me llama la atención, una pregunta que está en el aire y que deja todavía algún interrogante sin cerrar.

Guardiola afirmó que si no se habían visto más “no fue por causa mía“; Tito ha dicho hoy que durante dos meses Pep no le visitó “y no fue mi culpa“.

A primera vista y tras escuchar a los dos, lo fácil sería colegir que uno de ellos miente. Probablemente, el 99% de la gente tiene una opinión al respecto, elaborada a partir de la credibilidad de cada personaje, de la trinchera en la que cada uno se protege o del modo en que concibe el club.

Pero hay otra posibilidad. Remota, si quieren. Y esa posibilidad no es otra que tanto Vilanova como Guardiola digan la verdad. Si las visitas no se produjeron por culpa de ninguno de los dos, ¿existe algún otro responsable de aquella situación?

Yo no estuve en Nueva York y no sé qué ocurrió o dejó de ocurrir. Y, más allá de haber asistido a algunas de sus ruedas de prensa, no conozco a Guardiola ni tampoco a Tito. Pero me resulta muy difícil creer -aun sabiendo que ocurrieron algunas cosas entre ellos el año pasado- que una simple falta de comunicación pueda acabar rompiendo una relación de más de 25 años.

Me temo que jamás sabremos la verdad por boca de los protagonistas, así que tendremos que volver a sufrir ese espíritu cainita que tan arraigado está en el Barça desde hace más de 50 años y que, bajo la sombra de varios nombres propios, pervive hoy con más fuerza que nunca.

Y todo, otra vez, volverá a convertirse en una cuestión de fe.