Por un momento me dejé llevar por el desánimo. Pensé que con el gol de Pandiani estaba llegando la segunda derrota del Barça en la Liga. Supongo que ese poso de pesimismo de los culés que superamos los treintaytantos afloró de nuevo.

Pero no hay que dar nada por hecho con este equipo. Una jugada, una tangana (o tángana, o como se diga), sirvió para resucitar a un equipo que se ausentó del Reyno de Navarra durante gran parte de la segunda mitad.

Ver a Xavi encararse con los contrarios, como si procediera del peor barrio de los bajos fondos, demuestra que algo ha cambiado en este equipo. Hay espíritu. Y carácter.

Pero sobre todo hay un genio que aparece cuabdo los aficionados, desde casa, nos vemos en la obligación de frotar la lámpara. Se llama Messi y es quien se inventó medio gol para el chacal Eto’o, quien se permitió el lujo de meter el tercero con una rosquita y quien dejó los esfuerzos de los perseguidores (?) se disolvieran como un azucarillo.

Dos cosas más: la primera, agradecer que los servicios médicos protejan a los jugadores más que los árbitros, porque esos tobillos (¡menudas entradas a Busquets y Xavi!).
La segunda, que alguien me confirme que Dani Alves sigue corriendo ahora, cinco minutos después de haber finalizado el partido.