El fin de semana futbolístico deparó un espectacular Higuaín 2 – Villarato 0 que ha zanjado todas las crisis habidas y por haber en Madrid y, por el contrario, ha puesto en alerta al mundo blaugrana. Éste, más preocupado por su atávica tradición de precipitarse al vacío al tropezar con un grano de arena, se dedica a lapidar públicamente a uno de sus defensas (mexicano, él) por haberse equivocado en la última jugada del partido del Reyno de Navarra. Vamos bien.

Por otra parte, leo al director de un periódico (?) deportivo madrileño decir que la roja a Albiol se produjo a causa del Villarato y la no-roja a Flaño por derribar a Ibrahimovic es porque el árbitro es malo. Sí señor. Seguimos mejorando.

Otra cosa. Me produje rubor (por utilizar una palabra fina) el modo en que los periodistas de los medios madrileños (esos que se autoproclaman como medios nacionales) entierran el hacha de guerra tan pronto como les dan un toque. De la vergüenza del partido de Copa se ha pasado, sin solución de continuidad, a proclamar la caza y captura del triplete. Hay que vender y sólo se vende con buenas noticias. El resto son tonterías, porque no hay que dejar que la verdad te estropee una buena noticia. Como dice un amigo mío, “al pan, pan, y al cor, cón”.

Mañana juega el Maligno en Milán. Tengo curiosidad por ver si los comentaristas que hablaban de momias andantes, jubilados y equipo de geriátrico siguen en esa onda o se moderan un poco. La verdad es que me da igual, pero así me reiré de nuevo con su facilidad para girarse en favor del viento.

Y pasado jugamos nosotros contra el Rubin Kazan, el equipo que nos ganó en la última jornada de la Liga de Campeones. Hace días que escucho todo eso del frío y el resto de tópicos. Yo, francamente, pienso que el Barça ganará en Rusia. Y que lo hará bien. Si no, siempre nos quedará hacernos con unas cuantas bolas de nieve y lanzarlas contra Márquez.

¡Viva México, cabrones!